Pa´l abril de fa tres años
feba que la conoceba
unos meses y unos días
y unas horas siempre eternas.

Un tiempo aquel d´está chuntos
de cuando en cuando, cuan era
tiempo encara de chuntamos
to la cuadrilla en la era.

Per aquel entonces iba
la chen d´aquellas maneras
fen lo que iba podén,
con la Navidá ya fuera,
encaranse tras l´invierno
pos enta la primavera
ixa que s´avecinaba
p´encima de las cabezas.

Estudián estaba yo,
estudiá é lo qu´ella feba
per aquellas temporadas
de los estudios y escuelas,
y de una u otra forma
y a la nuestra manera
los dos mos i dedicaban
a ixa misma faena,
onque no é la desencusa
de fe la misma tarea
la que me va serví a yo
pa podeye conozela.

Las causas van sé de otra
índole y naturaleza,
onque ben relacionadas
con lo que nusatros feban.

N´habeba en aquel entonces
un coro en la iglesia
regíu per mosen Lorenzo,
con zagals y zagaletas
que iban allí a cantá
cuan saliban de la escuela
toz los martes y los jueves
dos horas u dos y media,
cuan allá al cabo tarde
las ocho en punto se feban.

Asinas que anda las diez
u anda las diez y media.

Cantaban de toz los tipos
de las cancións que n´habeba
escritas pa cantá coros
de cuatro voces dispuestas,
cancións de misa, de ahora,
cancións de la Edá Media,
cancións de dispués, de antes,
y de épocas aquellas,
cancións majas y bonicas,
entretenidas y fieras,
a veces con güen humor,
las más de las veces serias.

Los conciertos que teniban
podeban sé en la iglesia,
en la pllaza, en la ermita,
al convento u a la escuela,
podeban sé dentro el pueblo
u podeban selo fuera,
en bautizos, comunións,
bodas, intierros u ferias.

Al entraye yo en el coro
brenca mósica sabeba,
no más un par de cancións
que chuflaba per las eras
cuan dixaba los estudios
pa posame a fe foineta.

Allí va aprendé prou ben
las notas bllancas y negras,
las redondas, los silencios,
las fusas y las corcheas,
va aprendé a sacá la voz,
que la teniba prou fiera,
a colocá el garganchón
de una milló manera
pa que salisen la notas
cllaras, fuertes y ben drechas.

Cuan va entraye yo allí
allí dentro estaba ella
cantán con ixa voz fina
que a yo me sorprendeba.

Cantaba ben, he de dilo,
y amás con diferiencia,
onque en aquellos istantes
recién entráu yo en la juerga
el que sabese cantá
guaire importábame. Brenca.

Otras cosas eran las que
más a yo llamame feban,
sobre to y más que otra cosa
conocé a las zagaletas
que rodaban per el coro
cantán per allí ben tiesas.

N´habeba allí de ben altas,
de ben guapas y ben serias,
d´ixas que te las ne miras
y se t´encogen las venas.

Iban allí con escotes,
con minifaldas y medias,
con zapatos de tacón,
pintadas y con hombreras,
y en medio d´este pllantel
sin dase a conocé ella,
pasán como una ola
entre medio la marea.

Van pasá un par de meses
sin dame cuenta sisquiera
de qu´esistiba ixe ángel
baixáu del Cielo a la Tierra.

Va sé una tarde tranquila
en que toz teniban fiesta
cuan la va llamá a casa
pa sabé a ve que feba.

Me estaba aburrín solo
y va pensaye en ella
como hese podíu felo
en cualquier otra moceta,
pero el destino é ixo
que´l futuro mos presenta
cuan el presente s´acaba
y el oremus se trafega.

Los dos chuntos, allí solos,
sin más que charrá de cuentas
que cada uno i llevaba
metidas a la cabeza.

(Segunda parte) →