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Van charrá de las historias
que cada uno sabeban,
tamé de las nuestras vidas
y de las nuestras desferras,
de lo divino, lo humano,
de las paces y las guerras,
de to aquello que llebaban
metíu entre las orellas.

Que si yo cuan era crío,
que se tú cuan fueses vieja,
que si allí estaban los dos
formanye güena pareja,
que si las aiguas del mar,
que si los montes y sierras,
que si los sols y las llunas
mos cogen y mos elevan,
que si las cosas de casa
u las que n´hay en defuera,
que si tú vas y yo viengo
charrán per la misma senda.

Van sé nueve horas seguidas
de a ve quí más charramplea,
a ve quí más cosas conta
y otras tantas en enseña.

Eran las tres del maitino,
espejáu y lluna llena,
cuan cada uno enta casa
va emprendé la carrera.

Tres del maitino; brochina
feba ratos que correba
metenmos piel de gallina
y enfrianmos las esquenas.

Al otro día la calma
i llega tras la tormenta,
pero una calma zarriosa,
abuñegada y recia,
una calma estricallada
per los montes y las eras
per ane iban a menudo
a contá las nuestras penas.

Mai he sabíu dende entonces
cómo u de qué manera
han iu la cosas urdinse
anda formá la madeixa.

Dispués va seguí to senye
un pastiche y una mezclla
de lo que habeba siu antes
y de la nueva concencia,
un seguiye fen lo mismo,
un creeye en la inocencia,
un rumbo mal encaráu
sin oremus ni alvertencia.

Mos veyeban de contino
en el coro de la iglesia
u fuera d´allí fen choldra,
bulla y zarracaterma,
pero sin teniye cllaro
lo que yo allí creeba,
sin pensá en ixa zagala
de una especial manera,
onque ya en aquel entonces
igual que relampaguea
me veniban a yo lluces,
destellos y lluminetas
de lo que habeba de sé
la cosa formal y seria.

Pero era aún prou pronto;
aún la hora no era.

Al abril de fa tres años
la memoria me i lleva
pa recordá aquellos días
de añebladas desferras.

Como antes diba, el destino
mos acoge y mos renega
según las cosas dispuestas
estén encima la mesa,
de forma que al qui le toca
cosa güena, mala u media
recibila ha de fe
pa ben u pa mal. Pacencia.

Asinas las cosas pues
aquí tos poso estas lletras
an conto lo sucedíu
de una milló manera.

Tres zagalas chovenastras,
ninguna ventiañera
entre las que s´encontraba
la que é de la historia dueña
y yo mismo, el qu´escribe,
aprovechán una fiesta
mon van í de escursión
per caminos y per cecllas,
per pueblos de la montaña,
per montes, ríos y sierras,
corrén per los sementeros
y descansán en las güebras,
veyén vacas y caballos
y espantanye bella güella,
baixán per los turrumperos
y subín per las espuendas,
pe´l medio de aquellos ríos
y a través de las hilleras,
to a base de los brazos
y sobre to de las piernas.

Teniban ganas de iye
pe´l monte, como las fieras,
a respirá el fresco aire
y a bebé el aigua fresca.

Al llegá el oscurecido,
cuan la chen del monte pllega,
van í a buscá refugio
dentro de bella caseta
pa podé pasá la noche
calientes como las güellas
pasan calientes las noches
en los corrals de las sierras.

Allí van llegaye, y dentro
mos van istalá a concencia.

Con unos cuantos tizóns
van encendé una foguera
pa podemos calentá
per deván y a las esquenas.

Van sacá de las mochilas
la comida pa la cena;
trozos de magro y de queso,
pan y leche y madalenas.

Al punto de habé cenáu
van apagá la foguera.

Mon van í dispués a un cuarto
que n´habeba en la caseta
con los sacos de dormí
y los restos de la cena.

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