Acerca de (Literatura)

TazaEl lenguaje ha sido para mí muy importante desde donde me alcanza la memoria.  Me he fijado en cómo se expresa la gente, qué vocabulario usa, con qué intención, en qué registros lingüísticos se siente más cómoda. Tras muchos años de entretenida observación descubrí, casualmente, pues estaba impresa en un tazón, la famosa frase de Ludwig Wittgenstein, y desde ese momento y hasta hoy he comprendido muchas cosas.

Comencé leyendo lo que tenía más a mano: tebeos que me regalaban y los botes de champú del baño. Fui ampliando mi campo lector con algún periódico y alguna revista que, nunca supe muy bien cómo, aparecían de vez en cuando por mi casa. En general números atrasados, pero yo en eso no me fijaba mucho. Llegó la época en la que las Cajas de Ahorro regalaban libros diversos a los que confiaban, todavía, en ellas. Así fue como, al juntar en una misma estantería, encima del televisor, cinco o seis de aquellos ejemplares de temática diversa, tuve mi primera noción de lo que podría ser una biblioteca. No fue hasta que estuve terminando mis estudios de primaria en el colegio público de Fonz que descubrí, guiado por algún sagaz maestro que ahora no recuerdo, lo que era realmente una biblioteca. Resultó que había una en el mismo edificio que hacía de ayuntamiento. Aquel descubrimiento fue para mí impactante, pues me permitió conocer un mundo más allá de Mortadelo y Filemón o de los componentes suavizantes de un champú.

Siendo ya estudiante de BUP,  y guiados por alguien verdaderamente excepcional, un Escritosgrupo de foncenses de nacimiento o de adopción dedicamos largas tertulias al estudio de la lengua de la localidad. Allí pude averiguar el valor que realmente tenía algo tantas veces menospreciado como es una lengua materna. Lo que hoy se define como aragonés bajorribagorzano en aquel entonces lo llamábamos “foncense”. Independientemente de denominaciones de uno u otro tipo, ser bilingüe es una suerte inmensa.

Arrastré una adolescencia que todavía no ha acabado de curar del todo hasta la Universidad, y cometí el error de licenciarme en Ciencias Físicas. Lo del error no lo tengo del todo claro, pero es algo que me ha dicho varias veces alguien que tal vez me conozca mejor que yo y que opina que yo debería haber estudiado Literatura. Sea como sea, el mal ya está hecho. Lo cierto es que, aburrido de tanto estudiar fórmulas incomprensibles, me refugié en la escritura. Durante mucho tiempo, y antes de la era del correo electrónico, escribí incontables cartas. Posteriormente, tras leer el archivo poético personal de una amiga mía, decidí que yo tenía que escribir poemas, y tras la lectura del diario de Ana Frank pasé por un periodo de lector empedernido que me dura hasta hoy, durante el cual he experimentado también con el inconfesable placer de contar historias.

Así es que, con mayor o menor fortuna, la lectura y la escritura siempre me han acompañado. Hasta que, gracias al uso de la tecnología, he decidido desempolvar las hojas amarillentas que llevan guardadas por las carpetas más de 20 años, o unos archivos que han ido pasando desde disquetes de  a discos duros modernos. Entre tanto me he permitido ir dejando alguno de mis escritos a amigos de confianza, los cuales siempre me han dicho que les gustaban mucho, en vez de decirme la verdad.

Rosa¿Y cuál es esa verdad? Realmente no lo sé, aunque tengo mis sospechas y mis certezas, que son las siguientes. Tengo la certeza de que, poéticamente hablando, he sido un inmaduro adolescente que ha escrito con el único propósito de escucharse a sí mismo para conocerse un poco mejor. De hecho, hace que no escribo poemas de forma rutinaria muchos años. En mis comienzos, fruto de la inconsciencia y aprovechando el atrevimiento que trae la ignorancia, me lancé, por así decir, a escribir poemas como el que se entretiene yendo al fútbol. De esa época son la práctica totalidad de mis poemas. El amor, las rosas, las princesas, la muerte, … Vamos, temática transgresora.

Por lo que a los relatos se refiere, en general son más modernos, aunque alguno ya tiene sus años. Mis sospechas consisten en creer que en este terreno me desenvuelvo mejor, y en que, ahora que me he animado de nuevo a dedicarle un tiempo a la literatura, tal vez con la práctica constante llegue a conseguir cierta calidad en los textos. La calidad llega con el esfuerzo constante, el cual hasta ahora he dejado un poco de lado. Mi ilusión en este punto es convertir lo que hasta este momento no ha sido más que un entretenimiento en una verdadera afición. La calidad, si llega, ya se verá. Por ahora disfrutaré de la escritura.

Escritura

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© Los límites de tu lenguaje 2017.