No me lo pensé. Levanté el arma y apunté directamente a ese espacio preciso que existe entre sus ojos. Ella no tuvo tiempo ni de entender lo que iba a ocurrir. La amaba. Me amaba. Pero lo nuestro no tenía ya ningún futuro y de alguna manera había que acabar con todo aquello. Las palabras enredan las cosas y no resuelven nada.

Me costó hacerme con el arma. Nunca pensé que fuera fácil, pero yo no soy un asesino.

Estabilicé la mano a la altura de la cara durante unas milésimas de segundo y apreté el gatillo. La bala se dirigió certera a su destino. Impactó. Ella gritó y salió corriendo como una loca del baño, mientras el espejo estallaba en mil pedazos.

Arma