Ved, caballeros de anchas espaldas
frágil el cuerpo de estas mujeres,
fiel artilugio de vuestros placeres,
puzle de medias, blusones y faldas.

Ved, babeantes, las carnes tan prietas,
cómo se afanan en ser desgarradas,
cómo suspiran si son degolladas
con vuestras manos de mugre y de grietas.

Ved vuestros rostros podridos y yermos
llenos de vómitos, bilis y heces
con la mirada de puercos enfermos.

Asco me dais, porque sois tan cobardes,
violadores, que vuestras sandeces
son todo basura; todo alardes.