¿Por qué no me respondes cuando te llamo?

     No puedo encontrarte cuando te busco,
ya no perteneces a este mundo de imágenes
que crea mi cerebro a mi alrededor.

     Ha vuelto a esconderse la Luna tras el horizonte,
pero tu cama está vacía, sin ese calor
que rodeaba nuestros sueños de adolescentes.

     Mira, otra vez vuelven a jugar esos niños
alrededor de la encina milenaria del jardín.

     Para ella no pasa apenas el tiempo,
como si los niños la mantuvieran joven.

     Vuelve a estar el suelo cubierto
por las hojas del otoño, ligeras y caprichosas
como las gaviotas que solíamos ir a ver volar
en los acantilados de la costa.

     Desaparece el reloj tragado por su propia arena,
y en el fondo resurge el tiempo perdido,
cada uno de los días que he pasado sin ti.

     Están sonando las campanas de la iglesia
tratando de imitar alguna vieja melodía medieval,
aunque nadie responde a la llamada;
tal vez la música sea un sueño, y la iglesia, y las campanas…

     ¿Por qué no me respondes cuando te amo?