El que tiene un cuñau tiene un tesoro. Perque tení un cuñau cerca pa lo que surja é una bendición divina, cuando menos. Un cuñau en sabe de to, y per ixo mesmo é capaz d’acllarate to las dudas que te importunen en cualquier momento. Si quies fele bella consulta pa acabá d’entendé ixo que no te dixa dormí, astí estará el cuñau, servicial siempre él, pa desgranate toz los pormenors de la custión anda que te quede to cllaro. Y si tanto te se’n da lo que él tienga que di, pos tamé te’l dirá, que pa ixo é el cuñau.

Un cuñau é fácil de distinguí en medio d’una discusión; é el que tiene la razón. Los demás se limitan a opiná de lo que no’n saben, anda que le toca charrá al cuñau y dixa las cosas a las cllaras de una vez per todas. Cosa esta que toz los demás concurrentes suelen agradecele al unísono. Perque qué majo debe de sé tení siempre la razón, penso yo. Di una cosa y sabé que no t’esbarras ni una miaja. Yo, la verdá seiga dicha, envidio a la chen que’n sabe, i per ixo me decllaro fan dende ya mesmo del cuñau.

Las temáticas que domina un cuñau son cuasi infinitas, e inclluso en bels casos sin el cuasi. En lo tocante a la política, a la religión y al fútbol, tres caras de la mesma sustancia, argumentá con él é perdé el tiempo de todas todas, perque la verdá é tan escllatera que no cal acllará res. Las cosas son asinas y prou. Y el que no las veiga pió pa él. D´este grupo cal destacá la custión económica. El cuñau tiene cllaro d’ón viene el probllema. Si é traballador raso, del empresario, si é autónomo, de los funcionarios, si é funcionario, de los políticos, y si é concejal, de los que le votan. Ah, bueno, los bancos tamé tienen bella culpa se vei, pero ixo ya to’l espllicará milló el cuñau.

Atro nivel one tamé destaca un cuñau é en lo tocante a la salú. Gracias al cuñau mos hen enterau de que las farmacéuticas son un nido de lladres que no van más que al suyo interés, no como nusatros. Per ixo las enfermedaz no n’hay forma d’acotolalas. Si l’espunchegaz al cuñau pa que tos illumine tos enterarez de que pa curá el pió de los mals sólo cal fese bella infusión con unas yerbetas que cualquiera puede pllantase al güerto, u de que las ondas ixas de los teléfonos son más malas que arrancau, u de que n’hay avionetas que mos sulfatan pa que los de la mano dentro mos tiengan controlaus, etc. Y si le diz que ixas pastilletas d’azúcar que se compra a la farmacia a precio de pernil de Teruel son un engaño se tos mirará como dantos el pésame de lo tontos que soz y tos dirá, fentos un favor, que a él le funcionan. Y al suyo cocho tamé. Con una demostración asinas cualquier duda que tenísez tos desapaecerá al istante. Como veyez, éste é un tema que da prou chuego, y to la información que tos den será poca cuan se trata de no caé malos.

Baixán un puesto ent’abaix en orden d’importancia llegán al asunto de si l‘apaño u m’en compro d’atro. En este grupo destaca el auto. Si se te jode el auto y pensas apañalo, el cuñau te dirá que no te sale a cuenta, que él te’n consigue per interné uno de segunda mano con menos kilómetros que’l tuyo, milló modelo y a mitá de lo que te cobrará el mecánico. Si ya tiens apallabrau auto con bel amigo de confianza, el cuñau te dirá que mia que cal se tonto pa comprase un auto de segunda mano, con lo baratos que salen ahora los nuevos. Y si le dices que ya te’n has fartau de que se t’esmarchine el auto y que te’n vas a comprá uno nuevo, te dirá que es más tonto que el de antes, que él con un allambre y un bote de silicona te ata el tubo escape pa que no se te torne a caé en mitá l’autopista y te cerra la’ndrija del cristal pa que no te dentre más aigua, y a tirá vente años más. Y é que el consejo de un cuñau no tiene precio.

Per último llegán al asunto más inmaterial de los aquí trataus, pero no per ello menos trascendente; el de la pareja. Cal introduciye en este punto la figura de la cuñada, que é como un cuñau pero de ampllio espectro, como ixas medecinas que el curan to. Tanto l’uno como l’atra funcionan per igual y se dixan asesorá per las concllusions que salen dimpués d’años d’estudio en las millós Universidaz del pllaneta y de cientos d’artículos d’investigación en las más prestigiosas revistas científicas; la culpa la tiene siempre el atro. Ben, esto é una verdá universal, como lo de la Santisma Trinidá, y poca o nenguna matización admite. Si un caso, caldría resaltá la asimetría d’este dogma. Voy a espllicalo pa que m’entendaz. Cuan el cuñau u la cuñada tienen que arregllá los probllemas de casa d’otri la cosa é cllara y la culpa la tiene qui ellos digan, que pa ixo son los que’n saben de lo que pasa dentro de las atras casas. Ora ben, cuan lo que se debate é quí de los dos tiene la razón, si el cuñau u la cuñada, la norma é cllara. La razón la tiene siempre la cuñada. Esto no llega a sé dogma, pero cuasi. Anda el cuñau más tonto el sabe, y per ixo sólo los que no tienen las entendederas suficientes tratan inutilmente de discutí con la cuñada. Pobres desgraciaus…

Sí ninos, asinas están las cosas. Yo, que no tiengo capacidá pa llegá al nivel d’un cuñau, m’ha tocau aprendé esto último a base d’hostias (entiéndaseme ben…). Verez, m’acordo fa años de que en casa mía la razón la teniba yo, como é muy normal, pero la mía mullé esto no’l veyeba brenca cllaro. Se vei que ella tamé queriba tení la razón, y no n’habeba forma de posamos d’acuerdo. Yo miate que me va probá de to las formas posiblles a félene entendé que estaba equivocada, pero ella erre que erre y que no y que no y que no. Y, ¿en qué va quedá la cosa?, tos preguntarez. ¡Pos en qué va a quedá…, en que ella teniba razón y yo no! Si es que amás yo ya’l veyeba vení, onque no’l queriba reconocé. De cuando en cuando yo me diba, asinas, sin que ella se dase cuenta; “¿qué te chugas a que ésta tiene razón…?” Y asinas era siempre.

La vida bella vez mos da estos disgustos y cal resignase ante esta ley universal. Onque, ben pensau, qué queriz que tos diga…, tení a la cuñada en casa tamé tiene prous ventajas. Yo, cuan apaece per casa el cuñau le digo a ella que le dé conversación. Me sento al sofá fen como que m’interesa lo que dicen y, desimulán to lo que puedo, me’n farto de reí de veyé los apuros y los sudors del pobrichón. Y cuan ya marcha, ella siempre me diz, con una riseta:

–Me’n debes una.

–¡Cómo’l sabes! –digo yo, de mientras penso que ixo tapoco tiene precio.