Nunca me fijo en mi piel más que cuando recuerdo a Fernando. Nos duchábamos juntos todas las tardes mientras duró el verano. Yo le observaba mientras enjabonaba su cuerpo. El agua me entraba en los ojos y mi piel se revolvía. A veces me olvidaba de enjabonarme y acababa haciéndolo Fernando. Era tan delicado que me daba igual que algunas partes de mi cuerpo no recibieran su espuma. Tan sólo me abandonaba.

Nunca me fijo en mi piel desde que no habito en Fernando.

Fernando