Gaia, t´escribo estas línias
que estoy pensán al momento
perque tiengo que charrate
pa sacame el sufrimiento
que tiengo cllaváu al alma,
que tiengo cllaváu adentro.

Ya cuasi no´n sé de tú,
fa meses que no te i veigo,
no tiengo noticias tuyas
ni del Adrián ni d´Aurelio,
ni de la hermana del Cosme,
el que está en lo del cemento.

Me ha costáu decidime
no sé yo ni cuánto tiempo
a escribite una miqueta,
onque no esté muy ben felo,
pos ya sabes que ane estoy
é pecáu pensá en lo nuestro,
que aquí son prou rigurosos
en lo del entendimiento.

No más dite que las cartas
que mandan los de aquí endentro
están mal vistas contino
y tratadas con recelo
tanto si son pa los pares
como si pa los agüelos.

La regla é igual pa toz;
soledá y aislamiento.

Pos, hala, que si te i llega
una carta sin sabelo
de alguno que aún te recorda,
pos no veigas el revuelo
que se i forma entre nusatros,
onque sobre to entre aquellos
que fa años que no saben
si alguno se acorda d´ellos.

Prou controláu to, ya digo,
está to per aquí endentro.

Aún así m´he decidíu
a buscá en tú el consuelo,
con la esperanza quizá
de librame del tormento
al que aquí estoy sometíu
per culpa del juramento
que aquel día yo i va fe
deván tuyo y de Lorenzo.

Encara estoy veyén
cómo con la mano al pecho,
con la barbilla ben alta
y las rodillas al suelo
va jurá allí en la calle,
arrodillau al lau vuestro,
que si tú no me queribas
yo me´n iría a un convento,
que preferiba está solo
a veyete con Lorenzo.

Tos va di que me´n iría
y la idea la mantiengo,
que antes irán toz los santos
de cabeza al infierno
a que yo torne a la casa
qu´encara guardo en el pueblo
mientras tú sigas casada
con el hijo del barbero.

La palabra é la palabra;
ixo é siempre lo primero.

Fa seis u ocho semanas
que no m´escribe Rogelio,
dende lo del acidente
de su pare con el ruello
cuan preparaban la tierra
a poco de tira´l fiemo.

Me va di en aquellas fechas
que seguiba igual el pueblo;
que habeba teníu un crío
Josefa, la del ferrero,
que seguiba pa caese
el telláu l´ayuntamiento,
que pa San Blas va subí
uno de afuera al madero,
y que a la pobre Inacieta
van llevá al ceminterio.

Poco más me va contá,
más que nada va sé esto.

Güeno, tamé me va di,
onque pllore cuan el penso,
qu´encara estabas casada
con el bruto de Lorenzo.

Onque´l intente con fuerza,
y n´hay que di que´l intento,
no consigo imaginame
ni soy capaz d´entendelo
el que tú heigas podíu
fijate en ixe muchuelo.

No tiene tierras ni estudios,
su pare sólo é barbero
y él se gana los cuartos
ayudanle al sarguero.

M´enteráu que tos va mal,
que no tos sobra el dinero,
que t´has posáu a cusí
con la Carmen, la del ciego,
pa i ganán unos duros
con que pagá los impuestos,
y que al pedí de prestáu
más vaz arrastras que drechos.

Ya te digo que, chiqueta,
yo sigo sin comprendelo.

Con yo tendrías partido,
ixo siempre has de sabelo;
mis pares tienen prous tierras,
cerca de la era un güerto
con toda clase hortalicias,
de verano u de invierno,
en el corral n´hay gallinas,
güellas, pavos y conejos,
y los tocinos dan carne
pa abastecé un regimiento.

Amás, que si te´n acordas,
antes de vení al convento
llevaba idea de í
a estudiá pa ingeniero,
como va fe Sebastián,
el hijo de don Severo.

(Segunda parte) →