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Las vueltas que da la vida,
n´hay que viví pa creelo,
si tan sólo fa unos meses
yo iba a sé ingeniero
hoy me trovo aquí encerráu
en la celda de un convento.

Y amás, ¡qué frío fa
cuan se chira ixe cierzo
que baixa dende lo alto
de la sierra pa´l invierno!

Prou sacrificada é
la vida que aquí i llevo.

No más acabá d´entrá
ya me van cortá el pelo,
me van da unas chinelas
que aquí mismo i fan de cuero,
y pa vestí unos ropajes
que me llegan anda el suelo.

La comida é más ben mala,
quizá per el cocinero.

Cuasi to lo que comén
mo´l crián aquí en el güerto
y en un corralé chicó
que tenín con bel cordero,
y bellas gallinas, aucas
y diez u doce conejos.

Tamé en hay bella vez
que mos sube pescau fresco
un viajante que vende
pescau per algunos pueblos.

Mos pasán la mita´l día
pos treballán como negros
y la otra mitá están
con la cabeza enta´l Cielo.

Rezán no más llevantamos,
a la hora del almuerzo,
tamé a mitá maitino
pa recuperá el aliento,
antes d´empezá a comé,
dispués de habelo fecho,
a las cinco de la tarde,
cuan la cena está en su puesto
y tamé antes de chitamos
pa recibí al día nuevo.

Me creigo que ya se i cansan
de nusatros en el Cielo
tanto invocalos en misas,
en plegarias u en intierros.

El poco rato que sobra
dispués de tanto ajetreo
me´l paso pensán en tú;
vas a tení que creelo.

M´acordo cuan de chicoz,
cuan aún viviba tu agüelo,
mon iban los dos chuntez
a la era pa veyelo
tomá el sol, y ya de paso
que mos contase bel cuento,
que él se´n sabeba a´mbute,
y algunos, de ben güenos.

Ixo era pe´l maitino
cuan saliban del recreo
aprovechán que la era
estaba a bellos metros.

Dispués, per la tarde, iban,
cuan mos soltaba don Pedro,
a espantá a aquellas grellas
que iban al llironero
que n´habeba en la faixa
del hermano del cartero
pa no dixalas tranquilas
y que no se fesen ñedo.

Y bel día, si lloveba,
mos posaban a cubierto
en la cabana del pare
de Carmencita y Aurelio,
y así chugaban a tabas
y a carpetas en el suelo,
los cuatro chuntos, sentáus
dixán cae el aguacero.

Brendaban allí en la calle
pa no pará de fe chuegos,
y si era pa´l verano,
en cená, a tomá´l fresco.

A ixa hora chugaban
a pillá u a los secretos,
según la chen que n´habese
pa podé i fen los recuentos.

En cuanto no se i veyeba,
u no tanto, cuando menos,
chugaban al escondite
en los arbolez del medio.

Tú siempre ibas con yo
pa asinas no tení miedo,
y los dos mos escondeban
achocaus y sin movemos.

Cuan ya fartos de corré
mos fallaba el aliento
iban los dos a sentamos
a aquel banco de cemento
mientras los demás seguiban
con otro entretenimiento.

Mos posaban a charrá
de to lo que habeban fecho
ixe día, y dispués,
recuperáu el resuello,
mon iban al terrapllén
a que mos dase el sereno.

Allí soleban está
callaus sentín al muchuelo
que criaba en el forau
de la paré del pallero.

Tamé i veyeban ent´alto
las maravillas del cielo,
las estrellas, los pllanetas
y la “lluneta del queso“,
que así la llamaba el crío
chicorrón de la Consuelo.

Allí mos pasaban ratos
y ratos mirán al cielo,
sin prisas pa i a chitamos,
perque mai teniban sueño.

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