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Mos quedaban allí chuntos
sin di nada, como muertos,
cómplices los dos del mismo
engañoso pensamiento.

Los dos pensaban que siempre
duraría aquel momento,
que la noche se fería
gran como el universo
y que mos querrían siempre
con aquel amor eterno.

Mos paeceba prou cllaro
cual era el futuro nuestro,
no feba falta ni dilo,
la evidencia era de peso.

Poco a poco irían crecén
anda güenos mozos femos,
anda que estase ben visto
i de la mano pe´l pueblo.

Ixo durante unos años,
anda feme yo ingeniero.

Cuan estase colocau
y ocupase un güen puesto
le dirían si queriba
casamos mosen Fulgencio.

Como él diría que sí,
y los pares, per supuesto,
n´habría que prepará
la misa del casamiento.

Pa ixe día yo tendría
un traje de llana nuevo;
tu vestirías un bllanco
vestido llargo con velo.

Prous invitaus i tendrían;
media villa, más u menos.

Dispués de la boda irían
a firmá al ayuntamiento
pa fe ya definitivo
lo que antes mosen Fulgencio.

Como en la mía faena
me darían un güen sueldo
comprarían una casa
de las más majas; me creigo
que prou más que una casa
podeba sé un monumento.

Con el paso de los años
a tení críos; ya veigo
revoloteán per casa
una banda menudencios.

Al llegá a cierta edá,
cuan los dos mos fesen viejos
y no estasen ya pa trotes
per las costeras del pueblo
podeban está tranquilos,
el veigo de una hora lejos;
los zagals mos cudiarían,
un poqué más en invierno.

No mos dixarían solos
ni sisquiera un momento,
y pa que mos distraesen
y estasen más que contentos
mos dixarían veyé
a to la cuadrilla nietos.

Asinas anda que un día,
cuan no valesen remedios
pa acotolá los achaques
que i tienen toz los agüelos,
pos allí en los cipreses
se mos fería bel puesto.

Tú irías la segunda,
yo iría el primero
pa preparate el camino
pa subí chuntos al Cielo.

Esta era la evidencia,
y al mismo tiempo era sueño.

Un mal día, pa´l verano,
te va tonteá el Lorenzo,
te va di cuatro mentiras,
te va da bel que otro beso
y tú como una boba
vas i drecha al infierno.

A los cuatro meses boda,
sin ceremonia, en secreto,
que anda a yo me va costá
dos semanas el sabelo.

Otras dos i va tardá
en venímene al convento,
dispués de lo de aquel día
cuan va fe el juramento.

Dende entonces aquí estoy,
pasán fame, frío y sueño,
pensán cada día en tú
mientras que treballo y rezo,
a la hora las comidas
y tamé mientras i duermo.

Y aquí seguiré están
mientras sigas con Lorenzo,
ya te digo, milló solo
que con un mal pensamiento.

Y bellas noches de lluna
n´hay en las que me desperto
y me miro a las montañas
mientras to está en silencio.

Las estrellas en lo alto,
los manantials a lo lejos,
el valle enta los laus,
y per baixo, el riachuelo.

Tamé n´hay bella foguera
de los pastors, que al sereno
duermen, mientras que los cochos
fan la labor de los dueños.

Y entonces me te imagino
al lau mío, y en un beso
en los labios yo te digo
to lo que per tú yo siento,
y asinas mos quedán solos
mirán enta´l firmamento
sin di nada, no fa falta,
los dos sabén de lo nuestro,
anda que en cualquier istante,
con la Tierra como techo
te digo fllojo al oído:

Gaia, mi amor, yo te quiero“.

Fin