Has bajado la mirada otra vez
al verme pasar con aire
garboso a tu lado,
con esa prisa ridícula
que me hace perder el
fino hilo que tus ojos
tienden hacia mí casi
a cada momento.

Tienes las mejillas coloradas
bajo la penumbra, como
en un intento vano
de esconder tu preciosa
luna de mí, como si
yo fuera el juez furtivo
que va a juzgarte por ser
tan sumamente hermosa.

Tu boca, presagio cierto
de futuras batallas,
muestra con inocente sencillez
ese mundo incierto que
escondes bajo la piel,
y en un arrebato perdido
de placer emocional dejas
escapar un suspiro prolongado
que se convierte en dulce beso
de camino hacia mí.

Ahora me alejo de ti, pero
volveré a entrar en tu mundo
de sueños para que sientas
otra vez el arrebatador influjo
de un corazón solitario.