-Ya y voy -va di Lorenzo medio apuráu perque, pa variá, se l´estaba fen tarde. El timbre la calle habeba sonáu chusto cuan se posaba la camisa d´entretiempo per dentro los pantalóns, con los cordóns de los zapatos encara sin atá. Dende lluego que no le feba brenca gracia llegaye tarde a los sitios, y menos si era al laboratorio one treballaba allá al polígono, pero de to la vida que se sepa l´habeba pasáu lo mismo. Contino teniba tiempo pa´nguileá, anda que ya no n´habeba remedio y teniba qu´apretá a galeá.

De mientras que saliba del cuarto encara va tení tiempo de pegale una patada a un rebullón de borreta que le feba cimbel al lau d´una pata la cama. Se va tocá el botón d´alto de la camisa y dispués va ubrí sin paraye brenca cudiáu la ventana la costereta pa asomase. Ni sisquiera va i a la ventana la calle, que é one de seguro qu´estaría qui fuese que llamase a ixas horas.

-En to caso -va pensá- qui seiga ya sabrá que prous veces m´asomo per aquí.

-¿Quí é? -va di con la voz alta pero sin llegaye al bram-. Que estoy aquí, en la costereta.

A los pocos segundos un misache chicorrón to pincho, vestíu fino de traje, prou curiosot, y con un maletín ben llampante, se va asomá como buscanye la procedencia d´aquella voz.

-Ben -va pensá Lorenzo-, cuan más prisa tiene uno más jodas salen. ¿Qué puñetas se l´habrán perdíu per aquí a estas horas a este vendedor d´enciclopedias u de méseyo qué hostias?

El misache aparentaba una mediana edá prou treballada, con el tozuelo cubríu d´abundante pelo bllanco, incluíu el de la perilla, que debaix d´una nariz prou tal cual le daba cierto aire d´intelectual.

Fonz Chuandefonz - Judería-Buenas tardes, caballero, ¿qué desea usted? -va soltá Lorenzo en un esquisito e irónico castellano. Si bella cosa le caracterizaba era la güena educación, inclluso en momentos como ixe. Ixo sí, y el sentido del humor.

Onque era lo menos probablle perque mai daba la direción de casa, siempre cabeba la posibilidá de qu´aquel tipo venise per bel asunto relacionáu con la´mpresa. No valeba la pena meté la pata. A fin de cuentas, per la suya faena como responsablle d´un laboratorio de investigación bioquímica, prous veces teniba que trataye con misaches de traje y maletín de cualquiera de los ventiséis países con los que teniban relacións comerciáls.

-Prou güenas -va di el otro, llevantán imperceptiblemente la mano drecha-. El mío nombre é Yosef, y estoy buscán al dueño de la casa. No sé si debe de sé usté. De todas formas no queriba estorbale en caso de que esteiga ocupáu en estos istantes.

Lorenzo no saeba si le va llamá más l´atención lo de que se llamase Yosef o lo de que charrase en ribagorzano como si tal.

-Si, güeno, el dueño soy yo, cllaro -va contestá un poco atabaláu, sin sabé prou ben en qué llengua teniba que charraye, de mientras que se arrepenchaba un poco más.

-El mío nombre é Lorenzo -va di un poco incómodo per la situación-, y ora mismo estaba a punto de jopá.

El misache habeba subíu unos metros per la costereta y ya estaba colocáu cuasi frente la ventana desd´one Lorenzo s´asomaba.

-Güeno, no querría importunale si é que tiene que marchá. La custión é que he veníu dende Jerusalén pa veyé la casa. Pero penso quedame bellos tres u cuatro días pe´l llugá. M´he pilláu un cuarto en casa Petitón, perque me faría gozo veyé tamé los alrededórs, la sierra, en fin, da bella gambada un poco per to. Asinas que si está usté ocupáu no tiengo inconveniente en tornaye en otro momento, si a usté no le paece mal, cllaro está.

Lorenzo se va pasá la punta de los dedos pe´l ojo izquierdo, de mientras que con l´otro se miraba el reloj.

-Aspere, a ve si l´entendíu ben -va medio farfullá-. Dice usté que é de Jerusalén y que ha veníu a veyé el llugá, y que amás d´esto querría veyé la mía casa. Güeno, la verdá é que la restauración que le va fe ora fa cuasi dos años no ha quedáu brenca mal, pero no é ningún museo pa que la chen vienga a veyela ni nada po´l estilo. Si le fan gozo las casas viejas el llugá está rebutiente, y prous de milló conservadas qu´esta. Si quiere puede mirase la fachada que da a la calle, one podrá veyé prous de las piedras origináls, o tamé ésta y la d´aquí atrás, qu´encara conservan prou de lo d´antes; pero güeno, pa ixo no tiene que pedime permiso.

Sin sabeye encara qué feba aquel misache charrán como él, y sin importale tapoco, va asperá a que con ixo s´emparellase to.

-Ben, esto… -va di el misache carraspeán un poco-, no m´he expllicáu con cllaridá. Lo que queriba dile a usté é que he veníu cuasi excllusivamente a veyé la suya casa. Lo demás é per aprovechá el viaje, onque tamé tiene el suyo interés, cllaro.

-¿Y pa qué quiere veyé la mía casa? -va di rodanle l´albarda, de mientras que emprencipiaba a sulsise.

-Pos la verdá é que la mía familia, y yo mismo, tenín cierta relación con esta casa -va contestá el misache en un tono neutro.

Esto va dixá a Lorenzo un poco esfarrabustiáu. “Cierta relación” podeba significá prous cosas.

-¿Y qué cllase de relación? -va di un poco secot.

-Güeno, per lo que paece -va encomenzá el misache remarcán cada palabra que diba con una estudiada melsa- la mía familia va viví en esta casa anda fa…quinientos años, si fa u no fa.

Las palabras van causá en Lorenzo el efecto que buscaban. Se va achompá, y si no s´agarra vola de cabeza al suelo.

-¿Cómo dice? -va conseguí pronunciá cuasi sin mové los labios, de mientras que los ojos se l´habeban ubierto una miaja más de lo normal sin que s´hese dau cuenta.

-Eh… no quiero que pense cosas raras, tan solo é que, en fin, guardo documentos, ¿sabe usté? -va di el misache un poco nervioso-, de los míos antepasáus. Yo soy judío. Ya l´he dicho que soy de Jerusalén. Y la mía familia é tamé judía, al menos anda one la memoria se pierde, y pa los judíos la memoria é sagrada. Concretamente soy lo que se hi llama un sefardí, o sefardita, según se quiera dilo.

Lorenzo no era un esperto en historia, pero de seguida va encomenzá a entendeye un poqué.

-Asinas que lo que me dice é que usté desciende de judíos españóls, d´aquellos a los que los Reyes Católicos van mandá al esilio.

-Güeno, sí, a la diáspora -va di el misache ora un poco más tranquilo.

-¿Y crei usté que la suya familia viviba en esta casa?

-No é que el creiga. Estoy seguro. Le´n puedo demostrá si quiere -va contestá con aplomo mirán a Lorenzo a los ojos.

Éste se va quedá sin sabé qué di. Se va apañá otra vez el botón d´alto de la camisa al tiempo que tornaba a mirase el reloj. Dende lluego no podeba despachá a aquél misache asinas sin más ni más. Pero eran las cuatro menos venticinco y la reunión con los holandeses era a en punto. Va intentá di bella cosa, más no aduviba con la pallada d´ideas que se l´entrebolicaban pe´l tozuelo. La reunión, los judíos, la puerta…

-Suba per la puerta la calle, que ora le abro -va di sin está brenca seguro de que fuese lo milló.

Aquella reunión con los delegáus de los suyos socios en Holanda era prou importante. Teniban que tomá una serie de decisións acerca de la nueva línia de productos cosméticos que iban a vendé a media Europa. Lorenzo iba a esponé la parte científica, pero n´habeba otros muchos puntos que trataye; los precios, las comisións, los envases, etc.

Lo que acababa d´escuchá d´aquel estranjero era desmasiáu llaminero, sobre to tenín en cuenta los ratos que s´habeba pasáu imaginanse historias, más cuan era chicorrón qu´en los últimos años.

De mientras que baixaba per las escaleras va sacá el móvil y va marcá el número de Fonsito, el director de la´mpresa. Amás de tení una relación profesional eran amigos de fa años, y saeba que, onque aquello era un poco delicáu perque los asuntos empresariáls primaban sobre los de la amistá, podeba pedile aquel favor.

Fonsito cuasi se´l come cuan le va di que iba a llegá un poco tarde. Lorenzo le va espllicá que era una situación d´emergencia, que ya le´n contaría cuan llegase, que encomenzasen charrán de las cuentas, que…

Van quedá que media hora y no más.

-Suficiente pa de momento -va pensá de mientras se guardaba el móvil en la pocha´l pantalón y chiraba la llave de la puerta la calle.

-Güenas otra vez -va di Yosef-. Ya l´he dicho antes que puedo tornaye en otro momento si é que tiene que salí ora mismo.

Fonz Chuandefonz - Café– Sí, hola, aván -se va atabalá Lorenzo-. En realidá iba a salí ya, pero encara puedo estaye media hora más. Suba al comedor. Le puedo fe un café si no n´ha tomáu. Quiero di que mo´n podén prepará uno pa cada uno si l´apetece. Dispués de lo que m´ha contáu tiengo ganas de charrá un rato con usté.

-Como usté quiera -va contestá Yosef con una media sonrisa en la boca-. Era evidente que Lorenzo estaba prou interesáu en sentí lo que teniba que contale.

Los dos van dentrá al comedor y se van sentá a la mesa frente con frente, en tanto Lorenzo serviba dos cafés ben cargáus.

-¿Azúcar? -va preguntá Lorenzo al invitáu.

-No cal.

-Pos usté dirá. Lo que m´ha contáu antes he de dile qu´en prencipio m´ha paecíu interesante. La verdá é que yo d´esto no entiendo mucho, pero sí que sé que antes en España n´haeba judíos, que los van espulsá, que se´n van i a otros países, en fin, lo que contan los libros d´historia.

-Cllaro -se va adelantá a di Yosef-. Los libros tratan de refllejá lo qu´ha pasáu pe´l mundo, con milló o peor fortuna. Amás, según quí los escriba el resultáu está cantáu. Y en el caso de los judíos el resultáu siempre é el mismo.

-Supongo -va di Lorenzo, sin sabé muy ben cómo seguí. D´esto se va da güena cuenta Yosef.

-En to caso no he veníu anda aquí pa charrá de política. Usté querrá sabé, me imagino, lo que yo le pueda contá sobre la casa y la mía familia, que pa ixo m´habrá fei pasá, si no m´equivoco.

-No s´equivoca- va rematá Lorenzo, alegranse de que la conversación se ceñise a lo que a él l´interesaba.

-Ben, d´ixa manera no le faré perdé´l tiempo -va di Yosef de mientras que apartaba un poco el suyo café y posaba encima del mantel de la mesa el maletín que guardaba al lau de los peus.

D´una pocha la chaqueta va sacá una llave chicorrona con la que va ubrí el maletín de cuero, sin duda un trasto la mar de caro, a juzgá per los adornos que y llevaba y lo ben rematáu qu´estaba. Una vez ubierta la tapa va sacá unas vitelas conservadas entre paños de terciopelo, colocanlas una al lau de la otra, con las lletras y los dibujos mirán enta one estaba Lorenzo. Solamente va dixá dentro una caja pllana que mediba cosa d´un palmo y medio de llargo per medio d´ancho. Era de madera escura con incrustacións de marfil, y de mientras que´l maletín se cerraba Lorenzo se la miraba como si no podese asperá a sabé lo que conteniba.

-Estas vitelas tienen quinientos años, como puede veyese aquí en esta fecha y en esta otra -diba Yosef señalán distintas partes d´aquellos trozos de piel de ternera que, per obra y gracia de la química, habeban llegáu anda ixe día en un estáu de conservación prou talcual.

Lorenzo se las ne miraba de mientras escuchaba medio añebláu. De siempre l´habeban gustáu los llibros antiguos, y allí deván teniba unos escritos que según diba aquel misache eran de fa más de quinientos años. Per un segundo se le va pasá per la cabeza si aquello no sería bel timo, y si no´l querrían ensorroná pa sacale los cuartos.

-La lletra é un poco difícil de entendese, pero si se fija se dará cuenta de que puede reconocé prous de las palabras que n´hay escritas. Están escritas en una llengua prou paecida a lo que están charrán nusatros dos ora mismo. Esto é judeoespañol, tamé llamáu sefardí, o español sefardí, o judesmo, o comúnmente ladino. Estos escritos pertenecen al dialecto oriental y, curiosamente y en contra de lo habitual, como puede observá, no los van escribí en caracters hebreos, sino latinos.

Fonz Chuandefonz - PergaminoLorenzo se fijaba con toda la atención de la que podeba disponé, pues no estaba acostrumbráu a leé ixe tipo de material, pero se va sorprendé a él mismo cuan va encomenzá a entendeye bellas palabras, y no precisamente castellanas.

-Yo el tiengo más fácil -va continuá Yosef-. Treballo en la Universida Hebrea de Jerusalén. Soy profesor de filología sefardí, y estoy acostumbráu a este tipo de documentos. Pa yo é como leé el diário. No é casolidá, en to caso, que m´heiga dedicáu a ixe oficio. Estas vitelas las conserva la mía familia dende que van sé escritas. Per ixo me va dedicá a la filología. Pero no se necesita sé filólogo pa entendeye lo que aquí posa. Amás, está la tradición oral, que pa nusatros é importantisma. Y si a lo que pasa de boca en boca se le chunta unos manuscritos el resultáu é que no puede dudase ni de l´uno ni de l´otro. Y asinas é como se llega one se llega, que é ni más ni menos que a que esta casa era la que van dixá una vez los míos antepasáus, fa más de quinientos años.

Faltaba poco pa que a Lorenzo se l´escapase la baba per la boca. No atinaba a di un sacre, perque aquello le paeceba de lo más emocionante. Se sentiba como un crío al que le contan una historia d´aventuras y la vive como si fuese verdá.

-Aquí está´l pllano del llugá, la localización y descripción de la casa, el dibujo de la llave, la lista de los familiárs que y van marchá y la de los que se hi van quedá, las cosas que se van llevá, en fin, un detalle pormenorizáu de lo que va sé aquel momento.

De mientras Yosef seguiba con las expllicacións Lorenzo seguiba embobáu.

-Per supuesto qu´antes de llamá al timbre m´he aseguráu. Llevo dende ayer en el llugá. Lo suficiente pa comprobá el pllano dende toz los puntos de vista posiblles. Y la descripción de la casa, per lo que é podíu veyé anda ora, coincide sospresivamente a pesar del tiempo qu´ha pasáu dende entonces. En fin, me creigo que con esto habré acllaráu un poco lo de qu´heiga veníu de tan llejos. Se puede imaginá usté los años que hi llevo planeán este viaje pa conocé la tierra one van viví los míos antepasáus, pa pisá el suelo qu´ellos van pisá, y pa dentrá, como hoy por fin he conseguíu, gracias a la suya generosidá, en la casa one van viví fa tantos años. Encara me quedan prous cosas per sabeye, pero antes m´ha dicho que teniba media hora, y ya lleván aquí cuasi vente menutos. Ya l´he dicho antes que me quedaré unos días per aquí pa llevame un recuerdo enta la mía casa, pa compartilo con los míos, y quizá bel año torne con la mía mullé y los zagáls, si usté no tiene guaire inconveniente.

Lorenzo atendeba de mientras que s´acordaba del suyo agüelo, cuan, bella tarde suelta dispués de retirá de cullí olivas, se sentaban los dos deván del fogaril a fese unas tostadas d´ajo. Entonces l´encomenzaba a contá otra vez lo qu´él habeba escucháu de chicot, lo de las marcas per las paredes, y en aquella puerta, y que bella vez s´habeba sentíu di bella cosa pe´l llugá, pero qu´eran historias, que no n´habeba qu´apurase, qu´ixo eran cosas d´antes.

-Entonces me supongo que lo de charrá asínas le viene de sangre y de estudios -va di Lorenzo-. El ribagorzano no le é ajeno, veigo yo.

-É parte del mío oficio.

-Dende lluego é increible. Mai l´habese imagináu. Per otro lau, ha nombráu antes bella cosa d´una llave, de mientras que me señalaba estos escritos.

-Sí, cllaro, la llave -va di Yosef, llevanse una mano a la cabeza-. Cuasi me s´olvida. Debe sabé usté qu´era costumbre entre los judíos que marchaban el llevase la llave de casa, como a modo de recuerdo, que se diría hoy en día. En este caso é curioso, perque no van marchá toz. Se daba la situación de que d´una misma familia unos marchasen en busca d´una vida milló, conserván la suya religión, y de que los menos intrépidos u menos apegáus a las cosas de la Ley se quedasen, adaptanse a las circustancias, lo que impllicaba cambiá de religión y fe desapaecé cualquier signo que recordase el pasáu judío. Esto inclluiba estrellas de David, palabras en hebreo talladas per la casa, llibros, etc. Anda los nombres n´habeba que cambialos, castellanizanlos, prencipalmente. Los que van marchá conservaban el suyo, cllaro está. El mío, mismamente, rememora el antiguo oficio de la familia.

-¿Cuál é el suyo nombre? -le va cortá Lorenzo, de mientras que encomenzaba a notaye un ñudo per la meliguera.

-Me llamo Yosef ben Texedó -va contestá, medín el efecto de cada una de las palabras-, lo que traducíu al castellano sería, más u menos, José, el hijo del Tejedor.

Per momentos los livianos de Lorenzo se van olvidá de tomaye aire. El tozuelo se le va torná torpe, y de mientras que chino chano l´iba acotolán l´angunia se le representaba la suya agüela llevanlo toz los domingos a misa, con cara prou seria, y su mare, manimenos dinle que le fese caso a la yaya, pero que no se precupase, qu´era más el miedo qu´ella teniba qu´otra cosa, que a ixas alturas ya no n´habeba que pará cudiáu, y que si uno no se daba a conocé pos que brenca de malo podeba pasá.

-¿Le pasa algo? -va di Yosef- sabén d´antemano la respuesta.

-Me pasa -va i din Lorenzo como va podé- que yo me llamo…

-Que usté se llama Lorenzo Tejedor -va sentenciá Yosef-. Sí, me figuro que se trova como yo anoche cuan va indagá una miqueta antes de presentame aquí, y al preguntale al dueño la fonda one m´hospedo me va di el suyo nombre.

Lorenzo se va da cuenta de que cuasi no habeba probáu el café. Si aquello era como se´l imaginaba estaba deván d´un familiar suyo, con unos escritos d´unos antepasáus judíos de fa más de cinco siglos. Va torná a mirase´l reloj, danse cuenta de que teniba que apeoná, perque si en diez menutos no brincaba d´allí quedaría mal con los holandeses. Se los va imaginá baruquián de los nuevos arancéls aduaneros que la Comunidá Europea s´habeba sacáu de la manga pa las materias primas que veniban de l´antigua Europa del Este, en estos días en los que pronto toz iban a sé unos. Pa la´mpresa era una trabeta, perque en el comercio con ellos les interesaba que to fuese lo más fluíu posiblle.

Estos pensamientos el van distraé un momento, pero de seguida va torná a lo qu´estaba.

-Y usté que é el que paece que está al tanto de to -va di como intentán acllarase a él mismo, onque ya s´imaginaba la respuesta-, ¿qué deduce de to esto?

-Deduzco que usté y yo son dos parientes de lo más lejano, que per cosas del destino mos hen trováu en la casa de los nuestros antepasáus.

La verdá é que Lorenzo no era capaz de llegaye a otra concllusión. Estaba tan emocionáu que no sabeba si abrazase a aquel home que acababa de conocé o qué fe.

A Yosef le va pasá tres cuartos de lo mismo. Trová el llugá va sé un logro, comprobá que´l casco antiguo coincidiba con el pllano le va emocioná, lo de la casa el va posá a cien, y cuan se va enterá del nombre del dueño se´n va tení que i enta´l cuarto pa que el siño Petitón no´l veyese pllorá.

Habeba dixáu a toda la familia en Jerusalén, en el moderno piso de la calle Ben Yehuda one viviban, a l´aspera de noticias, pero de seguro que ni Shalim, la suya mullé, ni ninguno de los tres zagáls que teniban, s´imaginaban lo qu´estaba pasán. Dentro d´aquel maletín, del que feba días que no se y separaba ni a sol ni a sombra, llevaba unos recuerdos qu´habeban sobrevivíu a innumerables persecucións, y que gracias al esfuerzo de prous generacións antes qu´él, le permitiban rencontrase con las suyas raíces, si fa u no fa de lo poco de lo qu´uno no puede desprendese en este mundo.

-Tan sólo queda de momento -va continuá Yosef-, antes de que marche one tienga que i, que ya se le debe d´está fen tarde, un detalle.

-No cal que´l diga. É un detalle que lleva guardáu en el maletín -se va adelantá Lorenzo.

Llave Sefarad-Veigo que no se le´n escapa una -va contestá Yosef a la vez qu´ubriba otra vez el maletín y sacaba la cajeta de madera-. Aquí dentro está la llave de la puerta que teniba esta casa en mil cuatrocientos noventa y dos. Puede comprobá -va di ubrín la cajeta- lo ben conservada qu´está. Sin duda s´ha guardáu como un tesoro.

Lorenzo va cogé con las dos manos aquella pesada llave de fierro untada con bella sustancia aceitosa pa impedí que se rebuñase. Tras unos segundos miránsela sin ubrí la boca se va llevantá, va mirase el reloj per última vez y, sin soltala, va di:

-Sígame al cabocasa, si no l´importa.

Yosef el va seguí intrigáu, onque, como l´habeba pasáu antes a Lorenzo, se l´encomenzaba a fe un ñudo per los budillos.

El cabocasa estaba decoráu a lo antiguo, y allí guardaba unos cuantos zarrios viejos que habeba restauráu en la época de las obras. Le feba gozo enseñálesne a las visitas, y aquella era una prou especial.

Cuan van llegá al rincón del fondo, detrás d´un bonico pilar de madera to barnizáu, Yosef se va pará en seco, va alentá y se le van encomenzá a posá pllorosos los ojos, la segunda vez en dos días.

-Probe usté mismo si quiere -va di Lorenzo-. A fin de cuentas el que ha fei los kilómetros pa llegá anda aquí ha siu usté.

Yosef, con la mano drecha toda sudorosa y a punto de dale un tremolín, va enganchá la llave que Lorenzo l´alcanzaba y, con un cudiáu cuasi esageráu, la va acercá a una cerradura de forja encllastada en una recia puerta de madera que Lorenzo teniba allí a modo d´adorno, debaix d´una foto de los yayos. La´strella de David qu´estaba grabada a mitá altura tomaba significáu en ixe momento dispués de tanto.

Como los dos asperaban, la cerradura se va ubrí con la única oposición del rebuñ que no s´habeba podíu sacá al restaurala. Per lo demás la llave era sin llugá a dudas d´allí. Ninguno de los dos sabeba qué di.

-Evidentemente con los años el nombre de la calle habrá cambiáu, onque el del llugá siga sen el mismo -va di Yosef como tornán a la realidá-. Antiguamente, cuan esto era la judería, a esta casa la llamaban…

– Ya sé cómo la llamaban -va interrumpí Lorenzo-, en el llugá toz la siguen llamán igual.

A las cuatro y media en punto entraba Lorenzo en la sala de reunións, disculpanse como correspondeba, pero pensán en la comida qu´al día siguiente habeba concertáu con Yosef. Dispués va encomenzá con la descripción de los principios activos de las cremas pa la cara, en tanto pensaba que cllaro, que a los que van marchá les traeba más a cuenta el llevase la llave. ¿Óne iban a i con to la puerta per ixos mundos? Amás, asinas tendrían una desencusa pa tornaye bel día.