Tan solo conozco la paz de tu mirada,
pues nada reconforta mi espíritu sino el brillo
de tus ojos cuando pasas a mi lado.

Es en esos momentos que mi corazón
emprende la batalla en esa otra guerra
de la que tú no eres ni siquiera consciente.

Tan preocupado estás por arreglar
los asuntos del mundo que no tienes tiempo
de pelear por lo que de verdad importa.

Por lo único que importa.

No te entiendo cuando te oigo
hablar de tus dioses mientras sostienes el fusil.

¿Por qué no sostienes mi mano?

¿Y por qué dejas que te quiten el sueño
esos a los que tú llamas, con un orgullo desmedido,
los diferentes?

Mientras vas en su busca con sangre en tus palabras
yo te aguardo sin que tú lo sepas,
y albergo la esperanza de que,
cuando se disipe la espesa oscuridad
que ciega tus sentidos, tu única lucha
esté entre mis brazos.

Antes de que la tierra se llene
de cuerpos desmembrados, ansío poder ver
una última vez el brillo de tus ojos,
y encontrar en tu mirada la paz que a ti,
entre batallas, por siempre se te escapa.