Querida Beatriz:

Ya cuasi me se´n fa rarot esto d´estate escribín a mano; miate tú, como si no l´hesen fecho montonadas de veces. Pero ya veis, n´hay qu´asperaye a que se pare el móvil pa torná a lo d´antes, como en los güenos tiempos, ¿eh? A vé si m´el arreglan ya d´una vez, que fa un par de semanas que me llevan en cancións, estos de la tienda. Un poco perdíu sí que y voy, la verdá, con esto de no está comunicáu, que to´l rato me paece que me van a está llamán. De todas formas llevo el de la empresa, y quieras que no noto alivio, onque ya me dirás que quí puñetas me va a llamá a ixe más que los jefes. Son manías, ya´l sé, y cada cual s´apaña con las suyas, me imagino.

¿Cuánto fa que no mos llamán? ¿Bellos tres u cuatro meses? No m´acordo ahora si te va llamá yo o vas sé tú. Güeno, qué más da. Va sé en to caso pa lo de la boda de Ricardo con la alemana. Este pajarel sí que´l va fe ben, ¿eh, Beatriz? Tan asinas que paeceba y mialo, que ya´l tenín casáu y to. Yo no sé si tú habrás sabíu bella cosa d´él dende entonces. Yo la verdá que guaire noticias m´han llegáu. Ya me contarás si´n sabes algo, per furoneá, no más. Ya me conoces… En to caso sigo pensán que lo de no invitamos va sé un poco estraño. Vale que no mos veigán de contino, pero l´amistá me pensaba yo qu´estaba pe´ncima d´ixo. Onque marcha, veslo tú a sabé.

Pos nada, que t´escribo manimenos per una cosa que me va pasá el atro día, el viernes pasáu pa sé más esactos. No te veigas a pensá ora que no me´n acordo de tú más que cuan pasa algo, no, que ya sabes que no é asínas. Lo que ocurre é que esto va sé un, no sé cómo dilo, amos, que é pa contátelo. Ya verás, ya, ni te´l imaginas. Resulta que, con la´mpresa con la que treballo dende fa medio año, me toca de viajeá prou. Güeno, en este momento m´imagino que t´en acordas d´óne treballo, ¿verdá? Cllaro que, como ya n´he dau tantas de güeltas, a lo milló estás algo perdida. Venga, va, no t´apures que te´l recordo. Va dixá la tienda aquella de los electrodomésticos, la del agüelo de las gafas que no paraba de roñá, y me va colocá en ésta atra de maquinaria d´oficina. Concretamente yo voy per astí con custión de fotocopiadoras, escaners y cosas d´ixas, ya m´entiendes. Voy a suponé que ya te´n acordas, asinas que sigo con la historia.

FotocopiadoraLa semana pasada mos va llegá un encargo a la central, como tantos atros, ya veis. Era pa llevá una fotocopiadora a una escuela, que teniban que encomenzá pronto el curso y mia, que onque el encargo l´habeban mandáu antes del verano, no sé que pasaría que se vey que va llegá a final d´agosto. Güeno, casos d´estos mon pasa toz los días, per lo que me contan los compañeros d´one treballo, pero ixo é atro tema que ya te contaré atro día per teléfono (si se´n acordan de tornámelo, cllaro…).

Total, que la fotocopiadora ixa n´habeba que mandala ascape antes de que s´acabase la semana, a sé posiblle, que se vey que ora al prencipio deben de tení que fe fotocopias a embute pa los zagáls. ¡Qué disferencia con nusatros! ¿Te´n acordas? No gastaban tanto papel antes, no, ya´l sabes tú ben. Pero güeno, esto é la modernidá y la Logse ixa que dicen, ¿eh?

Güeno, a lo que iba, que m´esbarro. No sé qué y tiene esto del papel que deseguida me´n voy d´un tema a l´atro. Tú tranquila que cuan tornén al teléfono ya´staré más centráu. Pos ixo, que les ne tenín que mandá galeán, como qui dice, y nada, que´l jefe le pasa el encargo a Luis, que é el que lleva ixa zona. Pero aquí viene lo güeno (me imagino que debes de está intrigadísima…). Lo güeno é que con Luis mos lleván prou ben. É un zagal prou bonachón y la mar d´entrante con el que deseguida va fe amistá no más llegaye yo a la´mpresa. Y va y me llama y me conta el caso, perque ya verás, es que él sabe d´ón soy, que le´n he contáu bella vez. Y aquí está lo que te queriba contá. Que la famosa fotocopiadora la teniba que llevá casi a la´tra punta España. Güeno, no tanto, no más unos cuatrocientos kilómetros, asinas a ojo, pero, atención, concretamente a una escuela que tú y yo conocén prou ben…

Has encertáu. Muy ben, Beatriz, veigo que sigues tan despierta como siempre. Pos sí, efectivamente, teniban que lleválesne a los de la´scuela del pueblo. Del nuestro pueblo, ¿eh, Beatriz?, que, como din güen tajo veces, encara é nuestro. El caso é que me va llamá Luis pa lo que te digo, pa posame al corriente del envío, más que nada perque ya se imaginaba él que me fería gozo iye a yo en vez de él. No é que él se querise sacá el muerto de tení que fe el viaje, que él no é asinas. Yo me creigo que´l va fe de güena fe, o al menos ixo penso. Da igual de to las maneras perque, como te puez imaginá, va acabá inye yo, y el viaje me va salí redondo. Tien en cuenta amás que los viajes con coche de la´mpresa siempre paecen más curtos, per ixo de que no tiens gastos.

Miaja me va costá que m´embarcasen a yo cara enta´l pueblo con el furgón. Ni te´l imaginas la ilusión que me feba, como si me´n ise a la´tra punta´l mundo. Pero qué quies que te diga, fa que no m´arrimaba per allí lo menos cinco años, y siempre en fiestas, cuan los del llugá paece que les fastidia quedase y se´n van, mayormente a la playa, que no sé pa qué fan las fiestas, como no seiga pa los forasteros, que cada día n´hay más, oye.

Que te sigo contán. Va salí este viernes pasáu, como ya he dicho, pronto pe´l maitino, dan aviso el día d´antes pa que n´habese alguno per allí, no fuese cosa de llegá y trovámelo to cerráu. No pases pena, que per ixo no sería, que me van di que estarían toz per allí, que teniban reunións y cosas d´ixas, que tranquilo, que allí m´asperaban onque fuese anda la hora comé. ¡Tejibo!, va pensá yo; sí que necesitan pronto el trasto éste. Pos mia, milló, que asinas me ferían un recibimiento más tal cual, me diba pe´l camino. Va enfilá enta allí con un no sé qué, con una miajeta d´angunia, y amás to´l camino se veyeba que feba mal orache. No sé si perque era el pueblo o per tratase de la escuela. Me creigo que las dos cosas. Ya t´he dicho a veces que me trai malos recuerdos, sobre to con lo de mi´rmana la recién nacida, y que ya no me queda ninguno per allí, ni la casa, que ya fa días que está vendida. Vamos, como tú, si fa u no fa. Pero esta vez, no sé, teniba bel matiz d´especial este viaje. Me se representaba que, cuan me trovase con la chen, no tendría que diles que veniba de turista, digamos, sino que les contaría que veniba per asuntos de trabajo, y quieras que no ya é atra cosa, que ya no paece que viens perque t´heses dixáu algo cuan vas marchá allá tan lejos. La verdá é que siempre m´ha dau un poco de apuro cada vez que he tornáu. No sé si a tú tamé te y pasa. É una sensación rariza, como de no está cómodo. Como si te´n heses iu fuín de algo. Y si quiés que te diga la verdá, n´hay veces que he pensáu que a lo milló era ixo. Que no va marchá, sino que va fuí. No´l sé, é como un desasosiego.

Voy a seguí, que ya m´estoy perdén un´atra vez, y querrás que te conte cosas. A las once y media si fa u no fa va aparcá el furgón a la puerta la´scuela. Unas greñotas s´esllisaban per la sierra, y una brochina temprana anunciaba la fin de las calors veraniegas. Y aquí va empezá to. No sé como di esto per carta. A lo milló per teléfono, como fen atras veces, me sería más fácil espllicátelo, pero ya veis, he preferíu cogé un papel y un boli. No sé per qué. A lo milló é que me apeteceba recordá que ya´n fa prous d´años mos comunicaban per carta, a pesar de que ya n´habeba teléfono. Mia, son costumbres que se van perdén, pero a yo ora me feba gozo escribite, ya veis lo que son las cosas.

Pos ixo, que allí estaba yo, en la puerta la´scuela. Prous de veces habeba pasáu per deván, pero no pas pa entraye. Dende los catorce años no l´habeba pisáu brenca, y ora, a los trenta y seis recién cumplíus iba a torná a felo. Te va a paecé una tontería lo que te voy a contá, estoy seguro, pero puez creeme que é la verdá. En estaba de azoríu que no´n podeba más. No me preguntes per qué, pero é lo que n´hay. Anda tremolá feba, y ora que te´l estoy contán ya me y poso como entonces. É como un esbollugá que me coge per to, sin razón ni motivo aparente, qué quies que te diga, pero mia, que no me´l podeba sacá d´encima. Ni ora tapoco.

El caso é que, cllaro, no me iba a quedá allí en la puerta paráu como un pasmarote to´l día. Mecagüen la mar, quí me´l habeba de di que estaría asinas. Pero aván que va í, y, al no n´habene timbre ni res que se le´n paecese, va dentrá enta dentro.

Oye, no ha cambiáu cosa, pa´l caso. L´han fecho reformas, cllaro, é normal en tanto tiempo, pero en general no dirías que é atra. El suelo del recreo tiene cemento, la pintura de la paré, un trozo que se vey que han añadíu al edificio de la parte d´abaix, pero ya te digo, que se puede di qu´está como antes.

S-Rosario2De primeras me va entretení chafardeán un poco per allí fuera, me creigo que pa ve si me se pasaban los esbollugs. Cosa de cinco menutos, no más. Y nada, va ubrí la puerta que daba al pasillo d´alto y va dentrá. Se vey que estaban toz los maestros reuníus en la primera clase, la que daba más enta fuera. Ya habeba visto yo los coches aparcáus en la calle, pero no habeba pensáu que fuesen de los maestros. No va caé anda dispués. Total, que me veyen y ya no va tení que presentame ni nada. Se va llevantá una misacha y me se va acercá. Se va presentá. Me va di que era la directora, y ya se va imaginá que yo traeba la fotocopiadora. Le va di que sí, y como precisamente en ixe mismo istante paece sé que´staban a punto d´acabá la reunión, me va di que, de mientras ellos acababan, yo la podeba i descargán, y, amás, que si queriba que me tomase bel café d´una cafetera que teniban allí en una meseta de la entrada, al lau d´una caja de llamíns.

Yo ni menos que va pensá en tomame un café. Lo que m´hese faltáu, pa´sbotegá encara más. Me´n va salí enta fuera y me va llegá al furgón. Ya paez qu´estaba más tranquilo. Va ubrí la puerta d´atrás y va encomenzá a apatusquealo to. Va sacá lo primero la carretilla y dispués va cargá la caja con la máquina. Va enganchá los albaráns, las herramientas y lo demás, va cerrá y atra vez cara enta dentro. Como no saeba aone les ne teniba que dixa, el va arrimá to al lau de la puerta del pasillo, en la mano fuera, va colgá en un ficocho la bolsa y me va llegá anda la meseta del café a cogeye bel par de postres, que onque café no, los postres sí que m´apeteceban. Entre tanto los sentiba charrá…

Guarda si t´acordas de cuan estaban allí los dos, anda octavo. ¿Te´n acordas de los maestros, de lo que diban? No me refiero de las cosas concretas de las que charraban, que cada cual el fería de lo que fuese. Me refiero d´ixa sensación de sentiye a los maestros, cuan nusatros, que ya mos paeceba qu´eran algo per aquel entonces, no teniban ni catorce años. Era ixo de que ellos eran los maestros. No eran los nuestros pares, ni los tíos, ni los vecinos de la calle, que per edá a muchos les superaban de güen tajo. No´l sé di lo que era, pero los maestros teniban quémesio qué. A lo milló fuese que mos charraban la mayoría en castellano, perque tamé era asinas como estaban los libros, pero pa yo era atra cosa, pos tamé cuan veniba alguno de fuera mos charraba en castellano y no era lo mismo. No sé, ya digo, eran los maestros, y pa yo ixo ya era especial.

La cosa é que, allí de peu, asperán, va tení la misma sensación que fa ventidos años. ¿Te das cuenta, Beatriz? Ventidos años. No me digas que no te coge un algo de pensalo. Fa ventidos años de to aquello. Yo ya sé que tú tapoco has tornáu, que bella vez me sona que me´l vas di. Si ises de seguro que te pasaba como a yo, vamos, m´aposto lo que quieras.

Pero n´hay más; no te´l pierdas lo que te voy a contá. Resulta que ya siento cómo acaban, y yo que probo de tragame lo que me quedaba de postre en la boca, pa no fe mal efecto. En éstas que sale la primera la directora, una misacha un poco más baixa que yo y prou delgada. Ixo sí, ben llampante. Me se pllanta allí deván y, en vez de preguntame per la fotocopiadora me pregunta que de qué casa era, asinas, con estas palabras. T´aseguro que me va queda sin sabé per ón salí. Ella me se miraba y yo me la miraba a ella, y a lo que ella va fe mención de querí torná a di bella cosa más, la va reconocé. Ya te digo si la va reconocé, que yo creigo que la primera vez me se´n va pasá de los nervios que y llevaba. Era la señorita Rosario.

Lo que te digo. Allí estaba, toda pincha ella, tiesa como me creigo que te la debes d´está imaginán ahora mientras leis. Sólo el pelo me se feba un tanto rarot. El lleva más curto y castaño, prou arregláu. No sé, a lo primero la va trová como choven, no sé cómo di, perque tapoco le calculaba ninguna edá, pero dispués de tantos años y asinas de repente paece como si tenise que sé más vieja. Pos no, la verdá. No te digo yo que guapa, perque ixo tapoco, pero sí ben lucida. Y la ropa que llevaba, en plan moderno, nada de a lo antiguo. Y mia lo que son las cosas, que´l año que viene cumple los sesenta y cinco y se jubila, onque yo no l´hen hese dau tantos.

Me va conocé, ya digo. Ella saeba que yo habeba siu alumno suyo, onque en ixe momento no caeba del to. Pero no más foy que dile el nombre cuan va ella y me solta los dos apellidos. De seguida que se va acordá, y qué memoria que tiene la condenada, como que s´acordaba de toda la mía familia. Me va fe un repaso de cristo señor mío, allí, en dos menutos. S´acordaba de toz, y per toz ellos me va preguntá, antes inclluso de interesase per yo. Va querí sabé de mi´rmano el gran, y tamé de las dos chicotas, y de toz les va da noticias. Dispués me va preguntá per yo mismo, per lo que feba, que qué habeba estudiáu, en fin, to ixas cosas. Y que si m´habeba casáu y teniba críos. Ya veis qué cosas de preguntá, asínas en frío. Pero oye, que no me va paecé mal, al contrario. Te paecerá raro, pero me va caé prou simpaticota. Y tanto interesase como que me va fe posá un poco, no sé cómo dite, vamos, que era algo muy familiar, que anda me va emocioná ixo de recordamos a toz. Y lo más fuerte é que, en cuentas de preguntame per papá y mamá, me va di que ya teniba ella noticias de lo que les habeba tocáu pasá, de primeras a él y cuasi de seguido a ella. Acórdate de que, onque no era del pueblo, viviba en la casa los maestros, que encara está, y cllaro, con lo ubierta que é se conoceba a to la chen y feba amistá con toz. Y anda me va contá bella cosa que yo ni saeba, perque entonces era un zagal y d´ixos temas no se charraba en casa.

Pos pa que veigas lo que me va pasá. Y la cosa no acaba aquí. Yo, metíu ya en la conversación, me creigo que m´habeba olvidáu de la fotocopiadora. Le va contá un poco a modo de resumen la mía vida de dispués de dixá la escuela. Algunas cosas ya las saeba, perque encara va está bellos años pe´l llugá anda que dispués de to van decidí ímone cada cual per el suyo lau. Astí digamos que mos va perdé el rastro, y tal y como va escuchá yo que me´l diba, me va paecé que´n el fondo mos teniba cariño, a los cuatro. Esto, ya te´l he dicho antes, me va fe emocioná, y sin podelo remediá iba notán que me se posaban los ojos pllorosos. De seguro que´l va nota, perque sin dame cuasi cuenta ya va cambiá de tema y m´estaba preguntán per la fotocopiadora.

Estarían, a lo milló, bellos seis u siete menutos, no más, con el tema de la máquina. Deseguida va veyé asomá de la puerta del pasillo un misache que me resultaba familiar. Él no se va fijá en yo. Era don Ángel. Sí, el mismo d´entonces. Y no habeba cambiáu guaire. Teniba la misma cara de mala ostia que cuan mos daba lenguaje, y ginasia, y manuals y to ixo. Oye, créitelo, como si no hese pasáu el tiempo, el muy carnuz. En un momento me van vení a la cabeza un borguil de recuerdos de los malos ratos que mos va fe pasá, de mientras que la señorita Rosario, que le daba la esquena a él y no l´habeba visto, me seguiba din no se qué de la máquina que habeban teníu los últimos años, que les habeba salíu prou tal cual se vey, onque yo me creigo que no l´atendeba mucho. Estaba pensán en los chilos que más d´una vez me va pegá don Ángel, siempre pronostiqueán per to, en las zarquinadas que daba, o en los debers que me va fe repetí perque diba que no entendeba la letra, pero más que nada en la mala educación que, ora con el paso de los años y la esperiencia, veigo cllaro que él teniba. Aquello no era educamos, era faltamos al respeto, ¿verdá? Perque tamé la señorita Rosario s´enfadaba bella vez, o mos feba repetí lo que mos saliba mal, pero ella el saeba fe con cariño. No sé lo que pensarás tú, pero yo mai le va tení manía. Si de bella cosa se quejaba, yo procuraba felo ben pa la otra y a corré. Pero con él… Mia, que bella vez asinas que te da per pensá, pos que m´he acordáu d´él, y mai le podíu estomagá. Y ora el teniba allí deván, preparanse un café sin que yo l´importase un sacre. Yo ya sabes que tiengo prou güen carácter, pero a cualquier atro de seguro que l´hesen dentráu ganas d´encarásele.

Menos mal que se va meté pasillo aván y no´l va veyé más. To esto, nada, en custión de menutos, que tal y como te´l he contáu paece que se pegase to´l maitino allí tomanse el café. De seguida van quedá con la señorita Rosario que ya me diría aone caleba colocá la máquina, pero me va preguntá que si antes teniba ganas de dame una güelta per la´scuela, o de veyé a bel que atro maestro que le sonaba a ella que tamé me tendría que habé dau clase. Y asinas van fe. Me va fe pasá a la clase one encara estaban cuasi toz de cháchara, prou animadots, y me va fe acercá a un par d´agüelos que n´habeba allí sentáus. Y poso lo d´agüelos perque, a lo primero, é lo que me van paecé. No de viejos como los de la residencia, no, que en ixo se les notaba más chovens, pero la sensación que va tení encara no me la he podíu sacá d´encima. Eran don César y don Ramón.

¿Tú te´n acordas d´ellos, lo majos que eran los dos? Y el nervio que gastaban, sobre tó don César, que amás de las clases s´encargaba de lo del fútbol. Yo chugaba en aquella época de portero, ¿te´n acordas?, que mi tío Febas teniba prou ilusión y siempre estaba ensorronanme con el dichoso fútbol. Que ya veis pa qué, con la manía que le tiengo ahora. Pero güeno, allí estaban los dos sentáus que me va da cosa velos. Medio calvos los dos, con el pelo canoso, y con una cara que pa nada era la que mos feba posá firmes a toz. Don ramón mismamente me se va asemejá que estaba un algo embotorníu. Aquellos maestros que pa yo, cuan era menudo, eran como dioses, estaban allí, la mar de felices, pero más mortals que nunca. Ellos, a los que admiraba más que temeba, que me van enseñá tantas y tantas cosas que en casa los míos pares no podeban enseñame, que en bel momento de la mía infancia me creigo que va llegá a idealizá, eran ahora dos misaches a punto jubilase, tamé como la señorita Rosario, pero ellos me van fe impresión, la verdá. En ixe istante me va veyé yo tamé de viejo. Va sé como si el mío tiempo correse, allí mismo, y de pronto me fese viejo, como si me reflejase en las suyas caras. Ixa sensación de que, onque te sientes choven, que la verdá seiga dicha, de siempre me´n he sentíu, veis cómo te fas viejo de repente. É como tení la evidencia escllatera de que los años pasan, a pesar de que no t´heses paráu a pensalo mai. Te se representa asinas, de golpe, y pensas que mañana te tocará a tú, y que los que hoy son chovenoz y te tratan, dentro de poco se asombrarán al veyete y les darás pena, como a yo me la van da ellos dos.

Güeno, que mos van saludá y demás. Sí que se´n acordaban de yo, onque tapoco van fe mención como de interesase mucho, asinas que van está allí un poco charrán y ya mon van salí enta fuera. Entonces la señorita Rosario me va di si queriba saludá a don Ángel (ella el va llamá Ángel a secas), y yo le va di que tanto me se´n daba. Per la cara que me figuro que yo va debé de posá, me creigo que ella deseguida va entendé que no le teniba brenca simpatía. ¡Como que no´l debe de conocé tamé ella, dispués de tantos años!

S-Rosario3Pos se vey que ya no quedaba ninguno más de los que yo conoceba, según me va di, asinas que me va llevá al despacho que tiene, y allí me va sacá un faixo de fotografías que teniba guardadas. ¡Qué ilusión, oye! En teniba una pallada, ordenadas per fechas en unos álbums engolfáus per aquellos armarios. Se nota que alguno s´habeba entreteníu güen tajo d´horas en fe aquello. Van apartá un poco unos papels que teniba encima d´una mesa y van i dixán allí los álbums. Van buscá, cllaro, los de feba ventitantos años. Si ya lo que t´he contáu anda ora puede dise que compensaba el viaje que m´habeba pegáu, lo de las fotos va sé tan güeno o milló inclluso. Torná a veyé a los de la clase, o a los atros maestros, tal y como los recordaba. Allí estaban don César y don Ramón, tan distintos. La señorita Rosario no estaba guaire cambiada, pa di de envejecé. Como ya te diba antes, a pesar de que la edá se notaba, ahora la veyeba más juvenil, digamos. Y mia que han pasáu tronadas dende entonces, ¿eh?

Pa que te feigas una idea de cómo va sé aquello, te diré que cuasi estaba ella más ilusionada que yo mirán fotos. Tanto que va llamá a casa pa diles, poco menos, que se las apañasen, que habeba recibíu una visita muy importante y que se quedaría a comé con yo en el restaurante que be regulá que van ubrí fa dos años, per lo que se vey. Yo le va di que no feba falta, pero me va insistí tanto que no me va podé negá. Me va preguntá si m´asperaba alguno en casa, y yo le va di que no, que viviba solo, y que con tal de que tornase el furgón al cabo tarde podeba fe lo que querise. Asinas que van decidí seguí mirán fotos anda la hora comé, y dixá lo de la fotocopiadora pa dispués, que total, ixo en media hora s´apañaba y no caldría brenca apeoná.

Van sé unas horas, tanto allí repantingáu en aquel sillón tan tobo trován fotos como dispués comén al restaurante, que me creigo que tardaré prou en olvidá. Sensacións que ya teniba olvidadas flloreceban de nuevo al mío tozuelo. Tornaba a sé un crío per momentos. Me veyeba corrén pe´l recreo, detrás de la pilota, o chugán a churro, que no sé como no se va fe alguno mal. Tamé con los libros si mos teniban que preguntá la leción, y copián cuan no mos la saeban. Allí estaban los de toz los pueblos de la redolada, los que veniban a fe escuela al nuestro cuan llegaban a sesto. No podeba evitá preguntame qué habría siu de los que iban con nusatros a la clase. De muchos de los del pueblo ya teniba algo de noción de las pocas veces que he iu tornán, pero de la mayoría cuasi ni m´acordaba. N´habeba bellas caras que ni me sonaban, y la señorita Rosario, con una memoria que m´asombra, me iba contán anécdotas que ella teniba de cuan eran los suyos alumnos, o me diba cosas que conocese de oidas. Y yo l´escuchaba to embobáu. Y si d´alguno queriba sabene bella cosa le´n preguntaba, y raro era del que no s´acordase onque fuese un detalle. La verdá, ya te digo, va sé algo que no me s´olvidará mientras viva.

Allí van aguantá charrán de mientras que los atros maestros iban jopán, y van seguí charrán en la comida, y cuantas más cosas diban, yo más chicorrón me sentiba, pero tamé más gran, como ya t´he contáu antes con lo de don César y lo de don Ramón. Una mezclla de sentimientos difícil de digerí. Chicorrón y gran a la vez. Inocente y responsable. Teniba ganas de corré per ixas faixas y llegá a casa chupíu, de subímene atra vez a los llironeros, de ímene a esplorá las minas de la ermita y de arrepenchame per las calzadetas, pero tamé de llegá a casa y que m´asperase alguno, perque…

La verdá é que van charrá prou rato de tú. ¿A que nó saebas que la señorita Rosario tiene dos zagals y una zagala chicota? Ésta la va tení tarde, cuasi no más dixá nusatros la´scuela. A lo milló t´acordas. Yo ni sabelo. Pos resulta que le va posá de nombre Beatriz, como tú. Y no va sé casolidá. Me´l va di dispués de veyete en una foto de octavo. Per la razón que fuese te teniba tanto cariño que a la suya nina, cuan va nacé, le va posá el tuyo nombre. Pa que veigas lo que son las cosas, y de seguro que tú ni te´l imaginabas, ¿verdá? Como digo, van está prous ratos charrán de tú. Me va contá un montón de cosas de cuan eras casi un codujo, y tamé de moza. Y no solamente perque t´apreciase d´una forma especial, sino perque yo tamé le insistiba y le iba preguntán. Es que le va di que tú y yo manteniban contacto per teléfono, y que bella vez al año mos veyeban, onque estasen los dos lejos del pueblo y tamé entre nusatros. Le va di que mai habeban perdíu el uno la conocencia del otro, y que lo majo que era ixo, podé seguí tratanse dispués de tanto tiempo, con lo ben que mos llebaban cuan eran críos.

Esto último me´l va corroborá ella más que yo mismo. Perque ya verás, en un momento de la conversación, ya dispués d´habele contáu cosas tuyas de ahora, que si treballabas de profesora en la universidá, que si tapoco te habebas casáu ni tenibas novio y cosas d´este estilo, to esto ya en la comida, ella me va di que cuan nusatros dos eran chicoz siempre estaban chuntos. Yo d´ixo sí que me´n acordo, que te iba a busca a la tuya calle pa chugá. Cuan ya mos van esgalliná los dos, dispués de dixá la´scuela, é verdá que mos van distanciá un poco, me creigo que más per las circustancias que per atra cosa. Amás ya sabes que yo de siempre he siu prou vergonzoso, y la adolescencia pa ixo é prou mala. Y tú a los diecisiete te´n vas tení que í, cuan a lo millo hese siu el momento de veyemos más. Y tamé me va di que se mos figuraba chuntos de grans, con esto de está siempre tan ben aveníus. Y encara me va di más; que bella vez charrán con la tuya mare y con la mía, per cosas de la´scuela o per lo que fuese, s´acordaba ella d´habé comentáu entre las tres lo de que si mos llevaban tan ben y qué güena pareja ferían si de grans seguiban asínas. Pero tanto tú como yo sabén que las circustancias, como te diba antes, mos van torcé la ringllera que anda entonces mos habeba servíu pa í medrán. Ella, al perdemos el rastro, bella vez se va imaginá si estarían chuntos, según me va contá. Son cosas d´ixas que a la chen de cuando en cuando se le ocurren, sin dales más importancia, o asinas al menos me´l va espllicá ella.

S-Rosario4Pero yo l´he estáu dan vueltas, Beatriz. Y no m´he atrivíu a dítelo per teléfono, cuan me´l arreglen, perque sé que no te´l sabré di, que me conozco. Y sé que, aquí, con un papel, en la mesa que tiengo en el comedor, mientras me miro per la ventana enta la direción one me supongo que tú estás ahora, me resultará más fácil. Me conozco tanto que sé que´n medio d´una conversación las palabras no me van a salí, como no m´han salíu dispués de tantos años. Y é triste, pero he teníu qu´asperá a charrá de tú con la señorita Rosario, a contale a ella lo que t´hese teníu que di a tú a la cara muchos años antes, pa atrivime siquiera a escribilo, y a cargame de valor pa que mañana pe´l maitino, me imagino que dispués de releé cincuenta veces lo que heiga posáu, tienga la fuerza suficiente pa tirá esta carta al buzón. Perque no é fácil, Beatriz. Ya te pido perdón de antemano per las formas, pero tú no me conoces, que deván te foy un papel de lo más estrovertíu, pero no é asinas, no. Me va da cuenta allí, en la´scuela, o deván de las fotos, o en el restaurante, imbuíu per las palabras de la señorita Rosario. Ella va sé la que, cuasi con sufrimiento, me va animá, como si fuese lo más normal del mundo, cuan le va contá to lo que yo te tiengo que di a tú, to lo que estos años he estáu padecén de veyé cómo pasaba el tiempo, y ni tú ni yo daban ningún paso cllaro. Y me va recomendá que t´escribise, como ahora estoy fen, y sé que teniba razón, que onque la literatura ya t´acordarás tú que no era lo mío, me va di que asinas sería más fácil. Sí, tan fácil, ya veis, que dende que he encomenzáu esta carta no paro de da vueltas y más vueltas de los nervios que y llevo, que ni sé pa qué te digo esto, la verdá. Perque yo lo que realmente te tiengo que di, Beatriz, é que te quiero. Asinas de lliso y llaso, pa que mos entendán. Que te quiero, sí, y que siempre te he queríu, y no te digo que siempre te querré perque vas a pensá que soy un poco cursi y que no me pega el selo, pero tien per seguro que asinas será, el entiendas tú o no, que no é esto custión d´entendimientos. Mai anda ahora m´he atrivíu a dite guaire d´esto, pero d´aquí no pasa. Beatriz, te quiero con llocura, con toda la mía alma, y te´l tiengo que di perque si no reventaré. No sé lo que estarás pensán mientras leis esto, pero ya me se´n da igual. Me imagino que cuan el leas me llamarás. Si tiengo valor te cogeré el teléfono, pero ya t´aviso de que los nervios seguramente me dixarán sin palabras. Perdóname, Beatriz, perdóname lo que me tiengas que perdoná, pero no dixes de llamame. O escribe, como he fecho yo. No´l dixes pasá más tiempo, no´l dixes ahora…

Quiera Dios que mañana pueda alcanzame al buzón. Si leis esto, asinas habrá siu. En to caso probaré de llegame a una gabina pa dale las gracias a la señorita Rosario.

Güenas noches, Beatriz. Te quiero.