LauraConvencí a Laura para que nos desnudáramos y se asomara conmigo al balcón. Ella pareció no entenderme, pero aceptó intrigada. A mí siempre me había gustado meterme con ella rápidamente bajo las sábanas, pero en aquel momento sentí una irrefrenable excitación al imaginarme a los viandantes mirando desde la calle nuestros cuerpos desnudos, sobre todo el de ella. Apoyó sus brazos en el metal, e instintivamente los acercó a su cuerpo tratando de esconder sus pechos. Eso me excitó más si cabe.

Cuando empezó a hacerse palpable mi estado de ánimo recordé inesperadamente a Marcela. La casa de Marcela no tenía balcón, y eso apagó repentinamente mi deseo. Creo que Laura no lo notó, si bien pude entrever en ella una sonrisa provocadora.