El mar esconde un monstruo oscuro,
un negro viento frío aterrador,
un brazo largo, denso y estridente
incierto como el fuego del amor.

El mar encierra el pecado y la palabra,
el submundo tenebroso y helador,
la ola repentina, la añoranza
y la angustia y la sonrisa y el temor.

El mar me lleva lejos, y me trae
a su antojo, me guía, es mi pastor,
y el fondo de su vientre ensangrentado
me acoge en silencio. Un rumor…

Un sueño en lo profundo de mi mente;
qué triste porvenir.

El mar recoge el cuerpo,
y yo me balanceo en derredor
mecido sin tocar jamás las olas,
tratando de escapar, del todo yerto,
vacío, somnoliento y perdedor.