MI NIÑA BONITA

     Veo tras las flores una luz intensa,
un brillo maduro de infancia reciente,
un mar agitado, una calma densa,
una brisa suave y un bravo torrente.

     Veo allí a una niña con unos encantos
que mujer quisiera tener para sí,
y la miro toda, y por todos los santos
que esa niña guapa ha de ser para mí.

     Ya me mira ella, ya noto su aliento
cálido en mi cara como ese beso
que dura cien años en mi pensamiento.

     Toda ella vida, toda embeleso,
le digo al oído lo que allí yo siento,
que me tiene absorto, que me tiene preso.