He pensau en feme místico. Sí, como to´l digo. Místico. Ya´stoy farto de tanta joda. No é que me s´heiga ocurríu asinas sin más, no. La cosa viene de llargo. Cuan era chicó a m´hirmana la gran le feba gozo empreñame con las comidas. La verdá, una miaja rarizo sí que lo´n era. Mataban el tocino y no probaba´l pernil. “Lo bllanco lo milló”, me diban en casa. ¡Hostias! Teniban güerto y no probaba ni´l tomate ni la´nsalada. Di que le tiraban medio decálitro d´ixe vinagre que feban en casa que yo mareame feba sólo de pensaye en la fortior que sacaba. Me fartaba de picá la viña y la uga ni me la miraba. Pa ugas estaba yo, que no podeba ni´ndrezá la´squena. Y en ixas veniba m´hirmana, como diba, y miraba d´espunchegá: “mamá, qué místico que é este zagal pa comé”. Y la mía mare venga a enrrestime pa que comese de to. Se y vei que brenca ésito va tení, perque un año me van apuntá al comedor de las escuelas. A lo milló ésito sí que´n va tení pero lo que va pasá é que va acabá espacencianla; mesió. La cosa é que allí al comedor me tocaba comé de to, onque acabase a las tantas, solo, farto debán del pllato, con las cocineras gritanme: “¡nino, pensas acabá hoy u qué hen de fe, que nusatras tenín que fregá pa ímone!

Mala cosa ixa de sé tan místico. A la llarga, con los años, uno s´espabila y se mira la comida con otros ojos. Sales per astí, vas mundo alante, y acabas per comé de to. ¡Ah tejodo, los pernils! ¡Cómo iban dimpués!

Y cuan ya creis que t´has curau, te chuntas con una mullé que, jódela, en sabe de to. Y más de las cosas de comé. ¡Mecagüen to lo que se menea!

Ahora se y vei que lo bllanco no é lo milló del pernil. “É to grasa”, dice. Mos ha jodiu… Asinas que en casa mía hen fei to la vida el tonto. “La leche de vaca no se necesita, en contra de lo que to´l mundo se pensa. Perque a ve qué animal conocén que´n beba cuan ya é gran”. Sí, astí reconozco que no le sé contestá, pero es que ya me veigo untán las madalenas con el vinagre de la´nsalada, ¡copón! La carne diz que é mala perque lleva antibióticos. Y onque no los ne llevase, tamé. El pescau del mar lleva mercurio. ¡D´habese tragau bel termómetro! Las truchas del Grado, veis, éstas no´n llevan. ¡Éstas deben de llevá antibióticos cuando menos! De momento la carne y el pescau ni mirámolo fen en casa. “¿Y qué comén?”, le digo. Ah, cllaro, “n´hay que mirá de que no mos falte brenca nutrientes”, me dice. Y me llena la nevera y los almarios de la cocina de quínoa, tofu, setas Shitaque, mijo, sésamo, bulgur, algas Combu, lino, semillas de chía, seitán, miso, humus, arroz salvaje… Vamos, lo normal de to la vida, que cada vez que me toca fe la comida no más m´apetece arreame un güen bocadillo de magro. Ixo sí, los triglicéridos los debo de tení de puta madre.

Místico

Pero s´ha acabau. Como discutín no n´hay forma de fela vení a güenas, he decidiu llevalo to al estremo. Si n´hay que sé místico lo´n seré. Ya m´he visto un par de documentals per interné pa tomá ejemplo. Me raparé el tozuelo, me posaré unas sayas y me´n iré a Panillo. Y allí, con bel aguachirri de verduras y bella´lmendra pasaré´l día. Si ellos el fan, yo tamé. ¡Y hala, que viengan a dime misa si quieren! Güeno, misa no, que ixo per aquellos turrumperos no s´estila, ya m´entendez.

Ahora tos dixo, que acabo de apretame estos güegos fritos con llonganiza que m´he pediu aquí abaix al bar, pos se m´está fen tarde y encara tiengo que i a casa a prepará la comida pa cuan llegue la mía mullé.

Aván.