Al escurecíu las calles de Osaka bullen de chen. La calor de chunio se difumina a ixa hora indefinida one unos retiran, de mientras que atros se paran per las aceras u per los flloríus parques pa disfrutá de la tranquilidá del aire. Nomás tres u cuatro boirotas s´esgreñan pe´l horizonte, pero en conchunto, a cuasi una centena de metros del suelo, en aquel mini ático del edificio Taisho, é solo un murmullo lo que se i siente, como un zumbíu sin brenca sinificau que to el pllena. De la bahía llega la humedá del Pacífico, de vez que una pareja gaviotas s´achompan no res y cambian el rumbo al veyé, a lo llejos, acercase un Boeing con bandera coreana dispuesto a aterrizá en el aeropuerto fllotante. El auricular del teléfono encara está caliente cuan el cabotarde paez que s´empeña en apoderase de to.

Nomás fa dos meses que va llegá, dimpués de pegásene atros cinco tratán de convencé a los de la Embaixada de Japón en Madrí de que el suyo proyecto se mereceba ixa beca. Tres años en la Universidá y atros tres en Desarrollos Navales Industriales S.L., dedicau en escllusividá a la zaguera tecnología de la navegación per mar, sin contá los años de carrera. Dende lluego podeba di que la vida le veniba de frente. Pero ara estaba asomau a la barandilla de la chicorrona terraza que el suyo sueldo le permitiba disfrutá. Las manos las teniba sudorosas, y per momentos las lluces del Boeing se le nubllaban. Laura, la suya novia de to la vida, l´habeba dixau. U él a ella; no quedaba pas cllaro. Habeban discutíu como mai antes se l´hese imaginau que´l podrían fe. Al prencipio de la charrada él no va notá guaire rarizo. Como cada día a si fa u no fa la misma hora, él s´asperaba a acabá de cená pa llamala cuan ella acabase de comer. No caleba importunala más de la cuenta. Per lo general, sacán la primera semana, no charraban más que de cosas sin sustancia, sin pasión de ninguna cllase. Las pallabras les saliban tan automatizadas como cualsiquier máquina de las que las tiendas de per allí tanto rebutiban.

Sin cuasi dale tiempo a él a asimilalo, ella le va soltá que feba un par de semanas que conoceba a un atro, y que se´l habeba pensau ben. No queriba discutí más de lo mesmo, ni presionale a él pa que dixase de fe lo que de siempre habeba queríu. Ya era un tema prou trillau y ella no teniba más energías que malgastaye. El comprendeba, respetaba las suyas intincions, pero no podeba asperá más. To las concesions tienen un límite, y en el suyo caso estaba cllaro que l´habeba sobrepasau de llargo.

Nessun 1Se va sosprendé a sí mesmo arrepenchanse a la barandilla y se va espantá. La va agarrá con fuerza y va apoyá los dos peus en los baldosins del suelo. Poco a poco, angunioso y tambaleante, va dentrá al llampante comedor y se va sentá en el sillón. La emisora en inglés que teniba enchufada de contino anunciaba bella cosa que no va llegá pas a entendé ben, allí, sulsíu de nervios, destorotau como si´stase pasán un gripazo. Una música tranquilota va encomenzá a soná. Una orquesta. Las notas estaban prou llejos, pero de seguida se le van fe grans, cuan de repente una voz masculina le va di algo en italiano, o al menos ixo creeba él. Una gran escitación el afuniba encara más si cabe en aquel sillón. Ixa voz tan desprovista de parafernalia, tan cereña, que diba lo que se queriba escuchá, dixán las cosas cllaras sin necesidá d´espllicación. Y al final ixe llamento descarnau, una miaja estaizo, con la orquesta llenanlo to, como una erupción desboldregada.

Al acabá se va quedá atento a la voz del comentarista, de mientras que ubriba el cajón de la meseta de madera de teka tailandesa one una llámpara con forma de vela oriental illuminaba de aquellas maneras los escasos doce metros cuadraus one soleba fe la vida. Va sacá corrén un papel en bllanco y un boli, y chusto le va i pa apuntá corrén lo poco que va entendé antes de que tornase a soná más música, esta vez un grupo de moda japonés que llevaba to la semana escuchán a cualsiquier hora.

“Nesundorma Pavaroti”, va escribí sin guaire convición. Estaba cllaro que “Pavaroti” era el famoso tenor italiano que acababa de cantaye aquello, pero de lo primero no teniba brenca idea de lo que podeba sé. Laura de seguro que l´hese endivinau de seguida. A ella le feba gozo aquella música, y con la memoria que gastaba no tendría guaire problema en reconocela. Pero él no era pas tan delicau pa ixas cosas, o manimenos asinas soleba di pa acabá cualquier conversación en la que tratasen el tema de los gustos musicals, perque siempre el freiba con las mismas monsergas. Pase que a ella no le fese pas gozo el heavy, pero de astí a dile que no teniba brenca gusto musical, u que tantos años de carrera se le lluciban ben poco si´l sacaban de los barcos, pos qué quies que te diga; n´hay un troz. Y a él le reventaba que le´n restregase cada dos por tres. Paez que´l fese a idea.

Con el tozuelo caliente, se va llevantá del sillón y se va arrimá a la puerta de la terraza a orease. Nomás habeban pasau vente menutos dende que va colgá el teléfono, pero se sentiba esfarrabustiau, como si hese pasau un mes en l´hospital encamau y s´acabase de llevantá. To se le representaba muy llejano; la voz de Laura, la barandilla, la música…

Va está un rato de peu, agarrau al marco d´aluminio, y dimpués va dentrá sin cerrá la puerta. Va arrimá una silla pllegable a la mesa del ordenador y el va enchegá. Windows se va cargá en un santiamén, y a escape ya estaba el Google buscanye per la red bella información en español. Con nesundorma van amanecé 124 entradas, pero, bendita intelligencia d´estas máquinas, la frase del prencipio “Quizás quiso decir: nessun dorma” le va ofrecé 722.000 posibilidaz nuevas. Adoraba Internet.

Per las noches no soleba cená mucho, pero, inclluso a aquellas horas, teniba una fame que se cllareaba, sin brenca duda debíu a las cercustancias, asinas que recená é lo milló que se le ocurriba. El horizonte ya estaba to escuro. El toque de bel carguero se dixaba sentí a la´ntrada´l puerto, en tanto que los yates más chicorrons costeaban per la bahía paseán a bel turista, o a lo milló a bel ricachón que celebraba bella fiesta. De la terraza dentraba un sereno ben agradable que le manteniba lo suficientemente despejau, onque media botella de wisky de seguro que l´hese dixau más despejau de lo que lo estaba en ixes istantes.

Se va prepará un bocadillo de tofu frito, con pan de sésamo que habeba trovau en una tienda escondida en una bocacalle de Shinjuku. Mai le posaba salsas a los bocadillos, pero esta vez se va probá a tirale unas chorradetas de salsa de soja. El eMule, entre tanto, estaba fen la suya faena. Tenín en cuenta la gran velocidá que per allí disfrutaba en la suya conesión a Internet, va calculá que le daría tiempo de comese aquello, acompañau de una cerveza americana que le quedaba per la nevera, antes de que se descargasen los archivos que habeba selecionau.

Nessun 2Dimpués de la recena va está bels diez u quince menutos más badaneán pe´l sillón, anguileán con el pllato, mirán de sentí los rudios de la calle, pero escasamente le llegaban los soniquetes de las ambulancias que, a lo llejos, correban enta el hospital más cercano. Se va acercá al portátil y le va llevantá la tapa. Allí teniba ya lo que buscaba. Era un archivo comprimíu con la ópera Turandot, amás del llibreto en formato italiano-español. S´habeba decidíu per una versión de 1972 one Luciano Pavarotti compartiba escenario con la soprano australiana Joan Sutherland en el papel de Turandot, de la cual no saeba guaire. No mucho menos que del tenor. La que sí que le sonaba más era Monserrat Caballé, que feba el papel de Liù.

El archivo no va tardá res en descomprimise. Lo primero que va buscá va sé el ária de Nessun Dorma. Dimpués de selecioná el troz que queriba va dale a la teclla “Repetí” del Winamp y la va escuchá po lo menos cincuenta veces. Cada vez se sentiba más atrapau, con aquella música engolfánsele pe´l esmo. No entendeba realmente guaire, y no sólo perque cantasen en italiano. Era ixa forma de cantá que feba que cuasi no s´entendese pas lo que diban. Dichosa ópera.

Ya no eran brenca horas de fe rudio, y menos allí one las parez el contaban to. Como ya refrescaba una miqueta va cerrá la puerta y va decidí imprimí el llibreto. Estaba un poco esturdíu. Entre tanto va repllegá unos cascos sin cablles que teniba per la mesilla del cuarto y los va conectá al ordenador. Cuan va salí el zaguero folio va apagá la impresora y se va acomodá en el sillón con los cascos posaus. La llámpara le daba cierto aire romántico al comedor, y la temperatura del final de la primavera chunto a los colors vino de dos de los tabiques el feba encara más acogedor. Estrañamente no teniba brenca sueño.

Antes de dale al Play va apeoná a leese una introdución chicorrona que n´habeba en un archivo achuntau. En Pekin, la princesa Turandot se casará con el príncipe que voluntariamente acceda a encertá tres endivinanzas que le pllanteará. Pero si se equivoca le cortará el tozuelo. En el momento d´encomenzá la obra ya n´hay prous de cabezas de ajusticiaus entochadas al lau de las murallas de la ciudá imperial.

Los primers compases del Acto I el van sobrecogé un´atra vez. Laura dinle per teléfono que per ella se podeba quedá en Japón to´l tiempo que querise, y la multitú dinle al verdugo, en medio de la choldra, que le cortase la cabeza al príncipe de Persia. É verdá que en un prencipio sólo pensaba estase allí seis meses, pero a los quince días ya le van proposá seguí un año y medio pa emprendé un proyecto de mediana envergadura. Per descontau que iría a veyela a menudo. El sueldo le´n permitiría holgadamente, y al torná dispondría del suficiente currículum como pa treballá one querise. Pero ella no paeceba pas convencida.

La chen, corrén sin cudiau de ningún tipo, va tirá al suelo al destronau y desterrau rey Timur, y éste, que s´habeba refugiáu en Pekin, é socorríu casualmente per el suyo hijo Calaf, qui, tamé desterrau, feba tiempos que no teniba guaires noticias del suyo pare. Los dos s´habeban dau per muertos mutuamente. Liù, escllava de Timur que l´acompaña, revive el amor que años atrás sentiba per Calaf. Éste, a la vez, se prenda de la belleza de Turandot, y decide casase con ella a pesar de la peligrosa prueba que ixo le suposará.

Desmasiau compllicau pa él. La vida era más sencilla. Él se va conocé con Laura cuan ella teniba dieciséis años y él nomás dieciocho. Mai habeban salíu con ningún atro. Al prencipio, los primers años, feban lo que toz, pero a lo que él va acabá la carrera las cosas se van i torcén poquet a poquet. Ella queriba algo serio, y él, sin di pas que no, le daba llargas. Eran novios, sin duda, pero no teniban ningún proyecto de conchunto. Y mia que ella l´habeba intentau buena pallada de veces. Pero él, con más inseguridá que atra cosa, se iba refugián en los estudios, en los proyectos de la Universidá, en la´mpresa, y ara, si fa u no fa, en l´atra punta´l mundo. La desencusa era lo de menos, y él el saeba. Lo que mai le´n habeba dicho sinceramente, onque de seguro que a ella ya le rondaba l´albarda.

En el fondo comprendeba a Laura, pero siempre se diba que cuan estase preparau se comprometería con ella, y amás, no estaba pas fen un´atra cosa que llabrase un porvenir pa los dos. Cualsiquiera el entendería si querise. Al menos los suyos pares le´n habeban repetíu de contino. Pero Laura paeceba no queri dase guaire cuenta.

Ella era más pasional. Romántica, como le gustaba di. Valoraba, dende lluego, el esfuerzo que él estaba fen, pero no le acababa pas de convencé que aquello les ise a compensá. Cllaro que los dinés, y anda el prestigio, diba ella, eran puntos de cara. Pero, ¿y lo demás? El tiempo perdíu, los buens momentos que no tornarían mai, los críos…

No le costaba guaire seguí la lletra en el llibreto, de mientras que la música se l´eslisaba enta las orellas dende los cascos. Estaba sumíu en un estau d´ensoñación. Un duermevela cosciente que, como una melsa que se le ise apoderán, le permitiba fe a la vez cosas aparentemente incompatibles. Leeba y dormiba, se estasiaba con la música y soñaba, y de tanto en tanto Laura, con voz de soprano, le diba que mai se casaría con él si no estaba pas dispuesto a arriesgá la vida. Perque los suyos proyectos eran la suya vida. O al menos asinas el queriba veyé él. To la vida intentán llegá a no se sabe guaire qué, nomás con la idea de que parase é ya un fracaso. ¿Tanto le costaba a ella entendelo? Si´l teniba to. Le daba toz los caprichos, y ixo que sólo eran novios. El sueldo d´ella tamé era prou tal cual, pero no teniba pas el mesmo espritu. Él miraba más ent´allá, al día de mañana, pa aseguralo to de la milló manera posiblle, y a ella paez que le correse prisa fe las cosas. L´habeba proposau que se´n isen a viví chuntos a bel apartamento, pero él el teniba cllaro. Si cada cual seguiba vivín en casa de los suyos pares ahorrarían más. ¿Acaso no le feba pas gozo a ella una casa con jardín y piscina? ¿Cuántas veces le´n habeba repetíu? ¿Y qué se creeba, que las regalaban u qué?

Nessun 3En el Acto II el emperador se proba a persuadí a Calaf de que se´n veiga y no arriesgue más la vida, pero éste, carbazón, se somete a los tres enigmas que le pllantea Turandot, la cual no busca pas atra cosa que vengá en los príncipes estranjeros l´afrenta que uno de fuera va tení con l´abuela de la propia Turandot allá en días. Ella, fría como los inviernos que él va pasa de nino, sólo aspera seguí cortán cabezas, asinas que, enigma tras enigma, va posán en un compromiso a Calaf. Pero él los resuelve los tres cuasi sin vacilá, y Turandot, faltán al pacto, le pide al suyo pare, el emperador, que no la entregue pas al forastero. El emperador dice que el churamento é sagrau, y ella que en ixe caso se´n irá con él pero a la fuerza. Lo que pasa que Calaf no busca brenca el cuerpo de Turandot, sino la suya alma, y está dispuesto, a pesar d´habé ganau, a tornase a chugá la vida per aquello que quiere. Fa un trato con Turandot. Se dixará encerrá en el palacio, y si antes de amanecé ella averigua el nombre de él, entonces dixará que´l maten.

Esto ya é pasase. Te chugas la vida y, ¿pa qué? Pa quedate como estabas. Y no pas contento con ixo te la tornas a chugá. ¿Pero qué quiere Calaf? ¿No ha ganau ya? ¿Acaso no ha dicho el emperador que Turandot se tendrá que casá con él? ¿Qué quiere encima, que ella s´enamore d´él? Como si ixo fuese tan sencillo. ¿Cuán me va enamorá yo de Laura? Pos dende lluego que no va ser brenca en una noche. Gustamos sí, cllaro, pero como me podeba gusta bell´atra. Y ya con el tiempo viene lo demás, pero d´astí a arriesgá la vida per una mullé, el mesmo día que l´acabas de conocé, n´hay un troz. Y gran. Y onque no seiga pas la vida. Arriesgá per arriesgá é de destalentaus. ¿Qué n´hay que arriesgá cuan se i puede vivir ben tranquilo? ¿Acaso no vivibam ben tranquilos nusatros dos? La llamaba cada noche y estaban más d´un cuarto d´hora charrán. Vale que no disen más que sanseladas, pero manimenos la idea de llamá cada día va sé d´ella, que yo con menos en pasaría. Al prencipio ben é verdá que mo´n pasaban más de media hora llarga, sobre to la primera semana, pero ara la cosa está cllaro que ha decaíu prou. Tapoco é que yo fese mucho esfuerzo, pero ¿qué asperaba? Y pa acabala de fastidiá me conta lo de ixe muchuelo que ha conocíu. ¿Qué quiere di con ixo de que ha conocíu a uno? Tamé yo aquí he conocíu a una, y a dos, y a más. Pero ixo no tiene guaire que ve. Y entonces, ¿per qué m´he posau tan furo? ¿Me estaba dan llargas o sólo me´l imaginaba yo? Cllaro, si me diz que ha conocíu a uno me quiere di que no quiere sabene res más de yo. Pues ya se´n puede i a la mierda. Per yo hen acabau. Ya le´n he dixau ben cllaro. Onque no sé brenca pa que se mete a pllorá si la que ha conocíu a atro ha siu ella. ¿No se supone que soy yo el que m´he de cabreá? Onque, quieras que no, nomás m´ha dicho que son amigos. La verdá é que no m´ha dicho pas atra cosa. ¿Pero qué quiere di ixo d´amigos? Yo no m´estoy brenca aquí jodén a treballá pa dálene to a ella de mientras que se entretiene per astí conocén amigos.

Nessun 4Va chirá la hoja y va encomenzá a leé el Acto III, de mientras que se sentiba encerrau en la misma prisión que Calaf. Laura mandaba a los heraldos per las calles de Osaka pa que nenguno dormise, pa que entre toz averiguasen el nombre del forastero, con la amenaza de que si no llegaba pas a sabese los mataría a toz. Entre tanto, él, asomau a la terraza, con la ciudá espectante, ordenaba a las estrellas que s´amagasen pronto y proclamaba que nenguno sabría quí era, y en un frenesí que le turbaba los sentíus gritaba en medio de la noche All´alba vincerò! Vincerò! Vincerò!, y los menistros le ofreceban to las mullés que querise, y joyas, y riquezas, y poder, pero él no cedeba guaire, perque la queriba a ella, a Laura, a pesar de to, e inclluso va dixá morí a Liù, que va da la vida per él pa no revelá pas el suyo nombre, de tanto que puede llegase a querí a una persona, pero él erre que erre, y ya no distinguiba mai la realidá de la ficción, que eran a la vez paralelas y contradictorias, y la sentiba a ella ben cerca, tan llejos como estaban, pero ella no se dobllegaba brenca, y eran irreconciliables los intereses de los dos, como si s´acabasen de conocé, dimpués de tantos años que habeban pasau chuntos, pero él veyeba una posibilidá, la única, la del riesgo, la de arriesgá la vida, como estaba fen en ixe istante pa conseguí lo que queriba, como atras veces habeba arriesgau, pero esta vez del revés, y teniba cllaro que esta apuesta era la definitiva, que no n´habeba pas vuelta atrás, encara que ella hese conocíu a atro, que astí estaba el aliciente, perque anda entonces no n´habeba guaire per lo que luchá perque ya estaba to ganau antes de presentá batalla, pero cuan las cosas veniban chiradas era cuan realmente n´habeba que arriesgá y cuan se demostraba lo que s´estaba dispuesto a sacrificá, y él iba a sacrificase como el que más, per ixo le va llevantá el velo de la cara y sin pedile permiso le va da un beso, y ella, sosprendida, se va sentí derrotada y avergonzada de que´l escudo que de contino l´habeba protegíu el corazón s´hese derrumbau sólo con un beso, y él, pllenamente satisfecho d´habé conseguíu ixa proeza, istantes antes del alba le va di a ella que se llamaba Calaf, y que ara que ya saeba el suyo nombre podeba fe con él lo que le petase, y ella, una miaja dimpués, debán del emperador y de la multitú que los va acllamá, va di: Il suo nome… è Amor!

Tornaba a escuchá una y atra vez el ária de Nessun dorma, y cada vez le sonaba de nuevas. Fuera estaba refrescán prou. La humedá de la bahía se le pegaba a la piel y el aire, tan distinto al de casa suya, el notaba salau. Estaba apoyau en la barandilla, como horas antes, pero ara ya no sudaba brenca, onque la angunia era la mesma. Los primers mixons se dixaban veyé si se los contrastaba con la palidez que iba tintanse enta´l Este. Una palidez anaranjada que anunciaba que ben pronto saldría el Sol, que´l alba llegaba. En el puerto ya tornaba a n´habene prou d´animación, y a lo llejos los avions saliban del aeropuerto internacional Kansai, cimbreanse p´encima de la bahía de Osaka. En las calles del área metropolitana emprencipiaba un nuevo día.

Va dentrá al comedor y, con el teléfono en la mano bailanle inseguro, va torná a saliye a mirase en direción al Pacífico. Al collumbrá el primer rayo va marcá las tecllas necesarias pa que, al atro puesto, una voz que zarzalleaba somnolienta preguntase con desgana que quí era.

– El mío nombre… é Amor.