Reviento dentro y grito y, sí, maldigo,
y ahondo en lo profundo mi pesar,
y tenso enfurecido las mis venas,
y aprieto los mis dientes, y al llorar
sublimo, ¡ay de mí!, mis sentimientos,
los mis negros abrazos, que al soñar
me dicen que no duermo, que es la muerte
la que a estas horas viéneme a llevar.

Dejadme, pues, tranquilo, amigos míos;
desde que soy nacido ya la mar
columpia mi condena con sus olas.

La hora, aquí en la orilla, está al llegar.