Juntáronse en el aire dos miradas, dos luces que en la noche iluminaron los campos y la aguas, y llenaron de paz y de cariño la alborada. Unieron para siempre su cariño ungiéndolo de un límpido candor, que así es la maravilla del amor traído por el soplo del destino. Aquí, ya pues, vuestros amigos quedan viendo partir la nave a otros mares, al tiempo que la estela os heredan. Florecen ya las rosas; se adivina una vida feliz, que…