En otoño he visto pasar tu fresca mirada
sobre los girasoles que buscan la luz de la mañana,
he visto cómo giras tus ojos al alba
buscando nuevas luces tras la madrugada.

He visto en otoño el brillo limpio de tu cara
reflejado en las juguetonas gotas de la lluvia acristalada,
como en un esférico mural de guirnaldas
cadenciosas con el rítmico vaivén de las uvas mojadas.

Flotar he visto tus pasos en el otoño ámbar
de las puestas de sol tras las montañas
etéreas que dibujan tu frágil figura de porcelana
sobre las brumas sosegadas de la tarde en calma.

Al viento del otoño he visto rodeando a la cigarra,
apagando su canto vital mientras tú la mirabas
agonizante y quebrada, sintiéndote tú misma lastimada
por la fresca brisa que agita tus finos cabellos de plata.

Ha sido en otoño cuando bajo tu ventana
he visto florecer lilas y amapolas, recién bañadas
por transparentes lágrimas de cielo que resbalaban
dichosas de contemplar la cálida hora de mi llegada.

He vuelto en otoño, y tú me esperabas.