Habla retama en racimo
toda ella de colores, rama
de luz generosa, tonos
pardos, rojos, gualdas.

Si tiembla ella hacia mí
cuando tu paso la acecha,
si cubre su luz de modestia
al ver tu cara al ocaso,
¡cómo no he de admirarme
y descubrirme, y quebrarme
al sentir tu cuerpo firme
junto al mío, en un lazo
que relaja las posturas
y que sobrelleva el ánimo!

La retama se incorpora
tras tu paso, mientras yo
me acurruco en la yerba
entrando en la madrugada.