Siento la llamada de la luna llena
y la fresca brisa bajo las estrellas
rodear mi cuerpo con manto de seda,
al igual que lo haces tú en primavera
cuando yo te hablo de las cosas bellas.

Me envuelven despacio en un remolino
de aromas silvestres propios de la sierra
como cuando a veces por esos caminos
vamos de la mano los dos bien cogidos
pensando en lo nuestro, pisando la tierra.

No puedo dudarlo, estoy tan seguro
de que si me dejas al rato yo muero
que te digo ahora, casi sin pensarlo:
¡cariño, te quiero!