Si el destino a mí cien años me ofreciera,
y unas botas, y un buen campo y un balón,
viviría por entero una pasión
de arrebato y de locura futbolera.

¡Mío Dios, ay, dame un algo, un qué sé yo,
una gracia, un don divino, una señal,
pero hazme ya del gol un animal
como nunca hasta hoy se conoció!

Y es que vivo un sin vivir, pues yo no duermo
sin soñar que todo el público me aclama,
y si sueño que no marco yo enfermo.

Cada noche así me entrego, en una lid
cuyo fin siempre es igual; sobre mi cama
meto el gol que le da el triunfo a mi Madrid.