Me fa gozo lo de sé maestro. Be regulá que debe de sé per vocación, perque si no no m´espllico cómo me gusta tanto. La chen ya me´l dice, ya.

-¡Qué suerte que tiens, jodido!

Y a yo, ixo de fe lo que te gusta y encima tení suerte per felo, encara me fa más ilusión.

La verdá seiga dicha, la faena en sí é una gozada. Podele enseñá a un zagal (o a una zagala, si querín sé políticamente correctos) bellas cosas que´l día de mañana le podrán fe güena honra pa desembolicase en esta vida, te dixa prou satisfecho. Y más si veis que´l zagal en custión se´l toma con interés, que é lo normal. Ixos ojos que te miran que paece que se te van a tragá, de las ganas que tienen de que les esplliques to lo que y sabes pa podelo escribí en la libreta. Ixas preguntas sustanciosas que pretenden llegá al tuétano de las custións, en un febril empeño de que no se les escape guaire a las suyas entendederas. Los recreos resolvén dudas a los grupos d´estudiantes que se t´amontonan en la puerta de la sala de los profesórs, en un desesperáu intento de sonsacate una última enseñanza, antes de que les abandones anda´l día siguiente…

M´emociona, la verdá, tanta entrega y dedicación per la suya parte. Ellos (y ellas, como he dicho fa un rato), que son el futuro, la nuestra esperanza, la luz que mos illuminará cuan el nuestro devenir s´enturbie con el paso de los años. Ellas (y ellos, que ora l´he cambiáu per esto de la paridá), que estudiarán carreras u aprenderán oficios con los que mos ferán la vida más fácil, a nusatros (ora me da apuro posá “nusatras” perque estoy aquí solo deván del ordenador y se me fa rarizo), los que les hen enseñáu cuasi to. Astí los/las tendrén; taxistos o conserjas, astronautos o fiscalas (aquí sí que me paece que l´he sabíu da el punto, ¿eh?) De todas las categorías profesionáls gracias a los estudios.

¿Y cuan te´l agradecen, con ixe respeto sobrecogedor de la chuventú d´ora?

-Güenos días maestro…, discúlpeme una pregunta, maestro…, pase usté primero, maestro…

A yo, la verdá, onque según se vey me tendrían que di “profesor”, me llama más que me digan “maestro”. Me recorda a las películas de Kung-Fu, on saliba bella cosa d´un llangosto chicorrón. Pero ixo é otra historia.

Con los pares pasa igual. Si bella vez n´hay bel problema, cosa que no suele pasaye mai, to s´arregla espllicanles el caso. Ellos ya saben lo que n´hay que fe, que pa ixo conocen a las criaturas. Y qui más qui menos se digna en pagate las rayadas del auto o las ruedas pinchadas. Res que no le pueda pasá a cualquiera.

Pero quiero incidí en lo de la suerte, que é lo que la chen más me recorda.

-Qué suerte, to las tardes libres -me dicen-.

-Qué suerte, dos semanas de fiesta en Navidá.

-Qué suerte, to´l verano sin brenca treballá…

Lotería

Tanta suerte me tiene desconcertáu. Con ditos qu´estoy pensanme si encomenzá a chugá a la lotería p´aprovechá la racha. Perque la cosa funciona asinas. Uno pensán to la vida que teniba qu´esforzase pa llegá a algún lau, y a lo que t´escudias t´enteras de que lo que pasa é que tiens suerte. Que ora que´l penso, d´habelo sabíu a lo milló no me poso a estudiá la carrera y me quedo en casa asperán a ve si me llaman pa da clases, con la suerte que se y vei que tiengo. Y dende lluego lo d´estudiá las oposicións ni pensalo. Teninne suerte guarda pa que te vas a pegá meses y años estudián. N´habría que sé tontos.

Pero yo estoy ben. Treballo a cuasi setenta kilómetros de casa mía, que pa´l caso é no res, me llevanto como pronto a las seis, mai me toca comé más tarde de las cuatro y media, los míos zagáls me adoran, los compañeros de faena son chens que se dixarían cortá un brazo si con ixo podesen aduyáte, y pe lo demás, si to va ben y a las prósimas oposicións les pasa como a las últimas, no´n tornará a toca anda dentro d´ocho años.

Lo dicho; los que tenín estrella no mos podén quejá, onque siempre mirén con envidia a los qu´están milló que nusatros. Sin í más lejos Alberté, amigo mío de to la vida. Otro que tamé tiene estrella. La semana pasada me´l va trová per Zaragoza, per cierto.

-¿Qué fas, que fa prou que no mos veyén? -le va di yo-, y me va está contán que llevaba cuasi un año y medio en paro y que le tocaba í cada dos meses a sellá una tarjeta a la oficina del Inaem.

-¿Y te cae lejos de casa?

-Pos no más a cinco menutos.

Y yo no me va podé reprimí:

-¡Qué suerte!