Ya podez creetos que l´he visto to, y que si ora he tornáu, tan tarde, é sólo pa morime con los míos, y pa que me enterrez en bel forigacho chunto a los de la mía quinta. Per nada querría que me enrrunasen con bella tierra que no hese pisáu de chicot. Y é que, en llegán a la centena, los güesos d´uno están pa pocas novedaz, y el frío de la tierra n´hay qu´acotolalo con la calor de los recuerdos, la única que me hi queda.

Me supongo que ya conocez casi toz vusatros que la primera gran guerra veniba con un pasaporte con el mío nombre, y ben sabe el d´allá alto que l´he aprovecháu. Va cruzá el puerto cara enta Francia a poco de comenzá el conflicto. No hi puedo di que fuese per indicación de mi tío Joseré, que en aquellos años llevaba ya tiempo vivín allí con Catherine, la suya mullé. Pero aquella manera que teniba de contá las cosas, pos era tan apasionáu como yo, y las malas perspectivas que la mía transcurrencia teniba per estos llugás me van animá. N´hay que tení en cuenta que con mi mare la cosa se sobrellevaba, pero mi pare era pa dale de comé aparte. Pa yo ya m´habeban reserváu que seguise con la ferrería, mallán como un borinot de sol a sol, pa a fin de cuentas pasá fame de todas todas. Sólo siento el habeme separáu de m´hirmana Conchita, que con diez añez, tan chicorrona como era, se me miraba con los ojos pllorosos cuan yo me´n iba no se sabe muy ben enta óne.

Sea como fuese, a la guerra que m´en va i, como el que s´en va a rechirá caragóls. Per fortuna ixos años los tiengo medio olvidáus a concencia. Partecipá en el sufrimiento de los demás te fa sentí ben en un primer instante si creis que tiens bel motivo pa felo, si buscas un ideal que te y parece chusto, pero per bella intringuliosa razón que mai he llegáu a entendeye, a pesar de habé caviláu prous años, cuan llegan las canas no puez dixá de pensaye en toz aquellos a los que les has fecho bel mal, y en to las guerras s´en fa prou más de la cuenta.

TrincheraEl único güen recuerdo que me hi queda d´aquella guerra é el de la tarde en que y va conocé a Monique, la “belle” Monique, como la llamaban cariñosamente los míos camaradas. Va sé en el 17, a este lau de la línia Sigfrido. Teniba dos años menos que yo. Choveneta como ella sola, los suyos ojos eran azuls como el mar, y el pelo, que casi de contino el llevaba recogíu en una coleta, era, como yo le diba pa fela enrrabiá de güenas maneras bella vez, negro como el de un cucaracho. Se va presentá allí sin damos cuenta, como si fuese lo más normal chugase el tipo pa traemos en una alforcha algo pa cená. Pero los suyos pares y el suyo hermano feba tres semanas que habeban muerto, y ella, salvada de casolidá, no trovaba otra manera de pensá en ellos que colaborán con nusatros. Y asinas va sé que se y va fijá en yo, per ixo de que un español luchán per aquellos andurriáls le posaba bel trocet de romanticismo a lo que no era más que una carnicería de trinchera en trinchera.

Ya no mos van separá. Dispués de Rethondes mos van convertí en un par de nómadas. Paeceba que mos quemaba el culo si estaban paráus. Mai van tení la intinción de asentamos. Aquella guerra va borrá casi del to las nuestras raíces. Si yo teniba ganas de recorré mundo, ella me daba vente güeltas. A veces me entraba bella miqueta de miedo, perque pensaba que a ve si estaba mal del tozuelo y no m´habeba dau cuenta. Pero to l´en perdonaba. La queriba tanto…

Van decidí ímone a África. ¿Qué per qué? ¡Qué me sé yo! Europa estaba pa salí per patas, pero sobre to va sé Monique la que y va tirá de yo. Queriba ísene ben lejos de to aquello, y yo detrás d´ella.

M´acordo como si fuese ayer de cuan, desde la cubierta de un mercante, divisaban Alejandría desde la Boca Canópica. Era abril, y el Sol estaba a punto d´escondese, como si mos hese estáu esperán a nusatros pa teñí la estampa con aquel cllaroscuro royizo. Aquello va representá el prencipio d´una nueva vida pa los dos. Llegaban al puerto cogíus de la mano, con cuatro cuartos no más, pero con una ilusión infinita, de mientras que Monique no paraba de dime a la orella “Moi, je t´aime…”

Van aprendé inglés prou tal cual. Pa´l que quiere aprendeye no n´hay pas cosa difícil. Y mai mos va faltá un oficio con el que ganamos los dinés. De siempre l´he agradecíu al d´allá alto que me dase tozuelo pa pensaye, dos patas pa viajá y manos pa ganame la judía. Y brenca más m´ha fecho falta pa i tirán per ixos mundos.

Mos van proponé remontá el Nilo, como los exploradórs del XIX. De mientras que los americanos se brendaban el mundo, Monique y yo navateaban per las dunas del Sahara Oriental, o mos perdeban per unas selvas que mai podré olvidaye. Pero sobre to el desierto… Me paece mentira que pueda llamá tanto la atención un llugá one no n´hay res, no más arena, y el Sol pe´l día y per la noche las estrellas. Pero no sería capaz de contatos cien años más que vivise lo que Monique y yo hen llegáu a sentíye en ixe desierto que ninguno de vusatros conocez. Va sé un año y medio casi con otros nómadas como nusatros, aunque estos más per obligación que per devoción.

Desierto

Mai he borráu la sensación que se hi tiene cuan, en medio d´un beso, y a mil kilómetros de ningún lau, pensas que en ixe instante podrías morite tranquilamente, con la seguridá de amanecé en un paraíso idéntico al que estás pisán. Cuan esto te pasa, cuan un beso lo é to, é como viví dos vidas a la vez, y en el desierto en va viví tantas que ora me paece qu´é tornáu d´allá alto pa contátolo.

Pero en fin, que van seguí baixán, a la selva, ya to´l he dicho, pero no é lo mismo. Van trová per aquellos turrumperos chens de to las formas. Casi toz negros, cllaro. N´habeba misaches grans como samalandráns, chicorróns, gordos que petaban y prous d´estransíus. Y lo güeno é que aquellos llugás son ricos, o cuando menos lo eran. Pero los europeos cargaban como el que carga en el güerto pa to la semana.

Nusatros ya estaban acostumbráus a pasaye con menos de nada, asinas que no mos va i mal. De seguro que les va i peor a los americanos en el 29, de mientras que Monique y yo mos pegaban el final de las tardes tomán el sol como los engardaixos en una barqueta per el lago Tanganika, al lau de Kasanga. To´l digo pa que no pensez que perdese pe´l mundo quiere di i perdíu. Mos gustaba siempre que podeban estaye al tanto de lo que pasaba per hastí, y onque mos pasasen semanas o meses sin sabeye guaire, cuan veyeban bella radio mos arrimaban.

A Ciudá d´el Cabo y van llegá en marzo del 36, poco antes de que aquí empezase el meneo. No y van está cosa. Pa diciembre, que allí era verano, van embarcá enta la India. Aquí sí que van fe una maratón. De Bombay mon van i a Pekin, pasán per debaix de la cordillera Himalaya, en menos de tres años. Lo peor va sé que la fiebre amarilla casi se me´n lleva a Monique enta´l otro lau. Pero é curioso; salvo ixo, hi puedo di que mai hen estáu malos, y mia que ocasións n´hen teníu a embute.

En China la cosa no estaba pa tirá codetes, y onque en Japón tapoco, algo mos feba cimbel pa acudí allí. Sí, ya sé que no to´l creerez, pero el 7 de diciembre del 41 mos trovaban en la capital japonesa. Total, que van decidí que ya´n teniban prou. Van salí d´allí como y van podé cara enta Australia. Tos diré que aquel terreno mos va gustá. Van acabá pasán casi nueve años cerca de Adelaida, lo que pa nusatros era casi una eternidá, en lo que primero va sé un bochinche, anda que, con cuatro apaños, se va convertí en una caseta que miraba enta´l mar.

Ya con los cincuenta cumplíus, y onque a ixas edaz la chen normal quiere tranquilidá, nusatros mos van planteá el ímone otra vez per bel otro puesto one no se mos hese perdíu guaire. Y asinas el van fe. Con unos güenos ahorros que van reuní van querí i a veyé a los vencedórs, a los dueños del mundo. Per América del Norte van está hasta el 58, tanto per los Estáus Uníus como per Canadá, y de hastí hasta el 64, en plan tranquilo, rodán per Iberoamérica. Aquí van di prou, y en Belém, one desemboca el Amazonas, Monique y yo van decidí que ya teniban mundo pa dane y vendene, y que mos mereceban descansá.

Fonz Chuandefonz - HamacaElla va descansá pa siempre fa doce años, una tarde en la que, un poco sofocáus per la calor que y feba, recordaban los dos, cogíus de la mano, la calor de ixe desierto que tanto mos llamaba. Dinme que me queriba, y que no hese podíu sé más feliz d´otra manera, me va dixá, y de mientras que me apretaba las manos per última vez con los ojos me diba que me esperaba one yo ya saeba.

Perdonazme que me emocione asinas. No tos quiero cargá más el tozuelo con la mía historia. Prefiero que me feigaz preguntas. Antes quiero agradecele al siño alcalde y a toz vusatros que me heigaz invitáu a datos esta charla o como la quieraz llamá, aquí, en casa la Villa.

A estas alturas res m´apetece más que contá lo que he visto per si a alguno puede fele güena honra. Yo ya estoy prou satisfecho de to. En la residencia me tratan como a un rey, y las cenizas de Monique las cudian como si aún estase viva.

¡Ah!, casi se me´n pasa. Lo que más me va impresioná cuan va llegá a este llugá fa unos meses, per mediación del gubierno español, dispués de tantos y tantos años, pensán que ninguno s´acordaría de yo, a pesar de que bella cartota sí que va mandá bella vez, va sé que, no más veyeme y dale yo indicación de quí era, y como si no s´hese olvidáu brenca la mía infancia, Toñé va entrá al café corrén y va gritá: “ ¡Ninos, que ha tornáu el zagal del Burrello!